Para Irene
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| Foto: David Jay, The SCAR Project ("Proyecto Cicatriz") |
Perdemos
un ojo o un oído, la vista o la audición,
perdemos
una uña, uno o varios dedos, una mano,
un brazo,
una
pierna, las dos o hasta las cuatro extremidades
y
quedamos más reducidos que media lagartija;
nos
extirpan la matriz, un seno o el conjunto,
una
porción de recto, de hígado o estómago;
perdemos
los dientes desde niños, el tabique, la
nariz,
perdemos
una oreja –por mano ajena o propia–,
perdemos
la tiroides o un fragmento,
perdemos,
o nos roban, un riñón o hasta los dos,
las
amígdalas, los adenoides, un testículo o el par
y
el falo mismo;
las
neuronas, las dendritas y sinapsis
y
en ocasiones una porción considerable de masa encefálica;
se
nos mueren las células, la memoria y el recuerdo
–es
decir: la identidad, si es que la había–.