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| Foto: Oleksandr Shyshko, Antigua ambulancia soviética en la calle (Drohobych) |
Yuri amaneció con dolores en la
panza; dice mi suegra que son dolores de parto. No entiendo muy bien
qué pasa, porque todavía no cumple los nueve meses. Tiene las
piernas entumecidas, dice que no puede caminar y que también le
duele mucho la cabeza. Me pongo la ropa con prisa y no me lavo ni la
cara ni la boca. Echo dentro de un maletín unas cuantas cosas,
agarro además un cubo y un calentador de agua criollo, y con mucho
cuidado logramos subirla a un coche de caballos para llegar al
hospital. De inmediato, una enfermera la acompaña a una consulta y,
mientras un doctor la examina, llaman a una ambulancia para
trasladarla con urgencia al hospital de Puerto Padre. Sin embargo,
como no me dicen nada y demora un poco en aparecer, salgo a fumarme
un cigarro. Justo cuando boto la colilla, veo acercarse el vehículo
a toda velocidad; es un viejo aparato soviético que realmente luce
arruinado, como si se fuera a desarmar en cualquier momento.


















