que es lo mismo decir
una
leyenda, una espera, un silencio.
KENIA LEYVA
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Foto: Tanya Griffin Houppermans, Guardián de los manglares |
nadie pregunta,
qué importancia tiene un cocodrilo
verde.
Sus voces no me duelen en el rostro,
ni me hacen volver la mirada
hacia aquellos pies descalzos.
Me inclino,
con las rodillas dobladas
y el sudor borrándome el nombre,
es todo cuanto necesito para llevar la
isla.
No resulta sencillo alejarse de ese
borde gris,
donde un remo mastica la sal.
Puede haber otros países enterrados
en otros mares,
Aún la isla se protege bajo el brazo,
el polvo de sus edificios en caída
libre me salpica.
Me detengo, siempre es así,
un insulto me corta el aire.
Mi isla puede valer dos hombres
escapando de sí mismos,
un barco con alguien comiéndose el
miedo de los otros
—los que se quedaron—.
Mi isla bien puede valer un tiro en la
nuca,
orificio inesperado en el cuerpo.
Mi isla, eternamente verde,
un cocodrilo con las fauces abiertas,
un dolor en medio del pecho,
mi isla, la que se añeja bajo mi
brazo ennegrecido.

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