Finalista del V Concurso Internacional “Litteratura” de Relato
A
Elisa, desde el otro lado del mar
—¿Te
vienes un poquito a mi cama?
Como
tantas otras noches, me incorporo, la cojo en brazos y la llevo a su
habitación. Me meto en la cama con ella. Yo no me arropo para no
quedarme dormido, aunque ella sí, y se duerme enseguida.
Me
encantan esos momentos con mi hija.
Sin
embargo, lo cierto es que también me fastidian un poco. Estoy
deseando que se duerma para volverme a mi cama calentita, al lado de
mi mujer. Ese calorcito natural en mi propio nido hace que coja el
sueño en un santiamén.
Parece
que esto de despertarse en mitad de la noche se está convirtiendo en
rutina. Últimamente, a eso de las dos o las tres de la madrugada,
Marta aparece en nuestra habitación, pasa por delante del armario,
viene a mi lado de la cama y se mete unos minutillos conmigo. Al rato
me dice: «Papi, pis». La tomo en brazos y, sorteando la ropa tirada
por los suelos, la llevo al baño. Ya que estoy, aprovecho yo
también. La cojo de nuevo —hay que ver cuánto pesa— y la llevo
a su cuarto otra vez, con cuidado para no despertar a sus hermanos
que duermen en la litera de enfrente.
