Finalista del IV Concurso Litteratura de Relato
Nada se crea, nada se destruye, todo se transforma. Eso se repetía una y otra vez mientras cavaba en su jardín. Nada se crea, nada se destruye, todo se transforma. Esa famosa frase se supone la dijo un químico francés de nombre Antoine Lavoisier, según escuchó a su profesor de ciencias. Cada vez que sepultaba la pala en la tierra, la repetía: nada se crea, nada se destruye, todo se transforma. Cada vez que una lágrima caía al piso, la repetía. Ese francesito petulante debe estar equivocado, pensaba, al tiempo que movía tierra con la pala, y mientras mayor era su empeño, más profunda se hacía su desconfianza. Nada se crea, nada se destruye, todo se transforma. No puede ser verdad, insistía, mirando tímidamente ese pequeño bulto quieto a su lado. ¿Cómo podría ser cierto?
