Fragmentos de un diario del dolor existencial (IV)
Habitación de mi casa
Barcelona, Verano 1994
Barcelona, Verano 1994
No, si al final va a resultar que el
dichoso amarre funcionó. Y yo que le decía a Juanma que muchas
gracias, pero que no me iba a enganchar al sujetador aquella bolsita
rosa ni loca, con ese olor que tiraba para atrás, tan agudo que
obstruía la nariz y llegaba hasta el paladar, tan fuerte que te
atafagaba y no te permitía ni pensar… “Si sólo es rosa y
canela, mujer, con una gotita de pachulí y otra de jazmín.” “No
te lo habrá dado la bruja, ¿eh?” “¡Ay, Sara!...” Pues mira
tú por dónde…
Bueno,
para empezar, debería confesar que partía con muchos temores; el
principal de ellos, no encontrarme a gusto contigo. ¡¿Cómo
puedo ser tan tonta?!...
Si hasta entonces estaba indecisa,
cuando en el Karma sentí tu mirada salvaje clavada en mi cuerpo,
supe que no había posible vuelta atrás, sino rendición
incondicional. Y tampoco deseaba otra cosa: no aguantaba más, me
moría de ganas de apretar mi boca contra la tuya, pero aguardé con
calma a que tú te acercaras, como si sólo en ese momento hubieras
sido capaz de adivinar en mis ojos suplicantes lo que anhelaba y por
fin me dieras gusto. Tus labios y los míos se unieron en besitos
primero dulces y suaves,
