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| Foto: Estación de Horta (Archivo TMB) |
Pero yo me quedaba siempre extrañado: si no
había más estaciones, ¿por qué el tren continuaba su recorrido, en lugar de
hacer sencillamente marcha atrás y volver por donde había venido? ¿Hacia dónde
llevaba aquella boca negra y siniestra, más negra y más siniestra que la más
negra y siniestra noche imaginable, que se tragaba los vagones uno tras otro
hasta que desaparecían todos, pitando en la oscuridad? La respuesta de mi madre
no hacía sino aumentar mi desconcierto: “El tren ahora se va a las cocheras, y
luego vuelve”. Las cocheras, decía mi madre… Pero, las cocheras, ¿no es donde
aparcan los coches? ¿Qué tenían que ver los coches con los trenes? Sin duda mi
madre estaba tratando de confundirme; quizá me estaba ocultando, protectora
como era, algún escalofriante secreto que mi inocente mente de niño no podría
soportar.
