Porque no hay poesía festiva, alguien había dicho, pues
quizá sólo del tiempo y de lo irreparable puede hablar.
ERNESTO SABATO, Abaddón el exterminador
(Las dos primeras estrofas, la cuarta y la quinta deberían leerse con marcado acento chileno y la música de Te recuerdo Amanda sonando de fondo)
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| Foto: Amedeo Modigliani, Desnudo desperezándose |
Ahora me acuerdo. No lo recordaba.
Ni tus muslos sucios ni la almohada
Ni tus muslos sucios ni la almohada
despeinada.
Ahora me acuerdo. No lo recordaba:
la minifalda rota, la mirada turbia,
las botas manchadas del barro de ayer.
Ayer, ayer, ayer…
la minifalda rota, la mirada turbia,
las botas manchadas del barro de ayer.
Ayer, ayer, ayer…
Duermes apaciblemente,
no me atrevo a despertarte,
los dos pezones erguidos
en medio de la barbarie.
en medio de la barbarie.
El sujetador rosa yace lívido y frío,
con la lánguida procacidad de
un cáliz vacío.
con la lánguida procacidad de
un cáliz vacío.
