Tercer Premio (ex aequo) del II Concurso Litteratura de Relato
Éramos
compañeros de oficina y amantes. Él tenía esposa e hijos. Yo era, soy, madre soltera. Él tenía una esposa fea y amargada, me había configurado yo en mi
mente, en base a las pocas referencias que a él se le escapaban. Y dos hijos
que crecían y tenían amigos y cumpleaños y fragmentos de una vida que yo
espiaba con recelo: los quince de Brenda, el campamento de Mauro, los regalos,
la ropa, el flequillo.
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| Portada de Los amores difíciles |
Absorbía cada pequeña referencia a su vida familiar con sed,
refrenándome para no zambullirme en el offside. Porque si algo estaba claro era mi no pertenencia. Yo existía para desear la vida de otra, la vida infeliz
de esa otra (no soportaba imaginar feliz a su mujer). Pensaba más en ella que
en mí y todo ese rulo me tenía imantada. Éramos tres para mí y dos para ella. Yo
quería ser ella, pero sin mí. Tenerlo a él los domingos, poner su pijama debajo
de la almohada. Ser la de la foto de su celular.
