Finalista del III Concurso Litteratura de Relato
Si
el número de asistentes a tu entierro determina el número de
personas que te apreciaban en vida, está claro que Enriqueta era una
mujer poco estimada. Y no me extraña. Nadie en la familia entiende
cómo Fernando, un hombre bueno, dulce, amable y educado, podía
compartir genética con esa mujer. No obstante, era su madre y está
muy afectado, imagino que porque de algún modo se siente culpable de
su muerte. A fin de cuentas fue él quien le dio la invitación antes
de ayer. Pero yo, que lo conozco bien, creo que su cara es una mezcla
de pena y de alivio, diría incluso de alegría contenida, porque me
recuerda mucho a su cara el día que lo conocí hace más de cuarenta años.
