Finalista del IV Concurso Litteratura de Relato
Se
quitó con sumo cuidado los tapones de goma que cubrían sus oídos
y, aún sin abrir los ojos, comenzó a despojarse de las numerosas y
pesadas frazadas y acolchados que la envolvían.
Los
tres buzos que llevaba puestos no fueron suficientes para mitigar el
choque helado que su cuerpo sintió en cuando se puso de pie sobre el
helado parqué. Dejó los tapones de goma en la mesita de luz y
rápidamente se colocó varias capas más de ropa, ropa que se
encontraba apilada en desorden sobre una silla junto a la cama
matrimonial.
Su
respiración formaba nubecitas blancas en el ambiente. Tenía la
nariz roja y los ojos llorosos. Un hilo de luz se colaba por entre
los tablones de madera que tapiaban las ventanas de aquella
habitación. Miró su reloj y, mientras leía las agujas que marcaban
las diez y siete de la mañana, abandonó el cuarto luego de colocarse un par de
borceguíes de cuero que apenas pudieron entrar por la presión que
ejercían los numerosos pares de medias.