martes, 17 de febrero de 2026

Casanova......Isabel María Lobato Jiménez

Foto: Sandra Barcelona

Hoy será mi noche, definitivamente lo es. A mis cincuenta años, aún soy una mujer atractiva y deseable. Ahí en el espejo vive la otra, la positiva, la que me ama más que yo a mí misma, la que siempre me mira con buenos ojos, la que nunca ve mis defectos. Ella me devuelve una mirada alegre, chispeante, que me recuerda que soy hermosa. Escribo sobre mi rostro reflejado en el espejo: linda”, y me premia con una sonrisa esplendorosa.

       Mis cabellos esparcidos hasta la cintura, llameantes y ondulados; mis ojos verdes, azules o grises, dependiendo de las lentillas con las que juegue, enmarcados por unas gafas de pasta azules, pequeñas y rectangulares que me dan un aire de inteligente profesora de Harvard; mi nariz recta, es un poco grande pero le da carácter a mi rostro; mis labios llenos, rojos, bien delineados, acompañados de esos dos dientes centrales, levemente echados hacia delante, que le aportan un toque de lascivia; una boca voluptuosa, esa boca que todos desean besar, especialmente cuando, como ahora, la delineo con un lápiz rojo y la lleno de color y brillo. Aprovecho y también dibujo una línea por encima de mis párpados y otra por debajo de mis ojos, en este caso color turquesa. Y escribo con letras invisibles mirada seductora”.
          El resto de mi cuerpo aún despierta en muchos los instintos más primitivos del apareamiento, como mínimo, aparento diez años menos. El cuello terso, el escote liso; los pechos en su sitio, de momento la gravedad los ha perdonado, y mis pezones apuntan al frente, erguidos y deseosos de encontrar unas manos ajenas a este cuerpo que los acaricien, o unos labios que los succionen…; mi vientre liso; el pubis perfectamente dibujado, con la cantidad de vello preciso para resultar atractivo… Escribo sobre él ven”; las piernas largas y fuertes, soy alta y practico yoga. Las manos y los pies bellamente decorados, por casualidad fui ayer a hacerme la manicura, un regalo inesperado.
          Ahora sólo me queda vestirme, me pondré uno de esos vestidos de finos tirantes que en internet te cuestan ocho euros y en las tiendas de lencería, ochenta. Elijo uno negro con detalles dorados y un escote de vértigo, atado por unas cintas al cuello, con la espalda descubierta, uno de esos vestidos ligeros, suaves, casi transparentes, que se adhieren al cuerpo como una segunda piel, resaltando sus montañas y valles, definiendo sus contornos. Debajo del vestido no llevo nada, me encanta ver esa mirada en el otro, esa mirada del niño que abre los regalos el día de Navidad y se encuentra con una sorpresa inesperada.
          Le añado unos zapatos negros de tacón, escotados, con tiras en los tobillos que permiten mostrar los dedos, unos grandes aros de plata en las orejas y un toque de colonia infantil, que siempre despierta sonrisas en todo aquel que se acerca lo suficiente para percibirla. Detrás de mis orejas, además de la colonia, añado mi mensaje pasión”. Los comunes mortales no son capaces de ver las palabras de mi cuerpo, pero todos las perciben aunque no quieran. Son palabras mágicas, runas antiguas, escritas con tinta invisible… Quizás podría recogerme el cabello en un moño suelto, dejando que caigan dos mechones a cada lado de mi cara, así se apreciarán mejor las líneas del cuello, porque tengo un cuello bello, esbelto y elegante que suele atraer las miradas.
          Esta noche escogeré a uno de esos hombres que van por primera vez al club. Hermoso, joven y con una preciosa sonrisa. Uno de esos chicos que se siente seguro de su atractivo y tímido por la situación. Sonreiré, dejaré que me invite a una copa y bailaré con él de una forma que lo dejará sin aliento y acelerará sin remedio su ritmo cardiaco…
       O quizás elija a una de esas parejas que parecen modelos, que caminan por el local muy juntos, agarrados fuertemente de la mano, buscando protección el uno en el otro. Una de esas parejas que se han aventurado a entrar en un club swinger por hacer algo diferente, por probar experiencias nuevas. Dos bellos especímenes acostumbrados al éxito y a conquistar sin problemas en otros ambientes, pero despistados en éste donde el sexo se expone sin tapujos, inhibiciones o vergüenza, donde no se juzga, sólo se disfruta, dejando a un lado la conciencia y lo socialmente aceptable. Dos niños perdidos, como Caperucita en el bosque. 
          Ahí estaré, observándolos, dispuesta a rescatarlos. En especial, estaré interesada en rescatarla a ella y seducirla, mientras él mira, permitiendo que quizás se nos una al final… En ese momento de trinidad, podrán percibir de forma fugaz todas mis palabras: linda, mirada seductora, ven, pasión… y la unión será perfecta, luminosa y catártica. Nos encontraremos en un nivel superior inexplorado, que nos transportará a un placer que dejará una indeleble huella en todos nosotros, y quizás también alguna estela en aquellos que nos vean gozar... 
          Será mi noche especial, estoy lista, la oscuridad me espera.

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