Finalista del III Concurso Litteratura de Relato
Cuando
llevas mucho tiempo intentando ocultar un secreto, no hay nada tan
decepcionante como descubrir que lo has logrado. De pequeño, en el
coche, de vuelta de casa de los abuelos, le gustaba jugar a inventar
historias. Y era muy ocurrente. Pero se perdía tanto explicando las
vidas de los personajes secundarios que su hermano pequeño siempre
se quedaba frito antes de llegar al clímax de la narración. El relato se quedaba entonces inconcluso. Como lo iba inventando sobre
la marcha, realmente desconocía el final y, al encontrarse sin
público, se quedaba ensimismado pensando en los personajes y miraba
por la ventanilla la negrura de la noche.
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| Foto: Alex Carrotta, Acantilado |
En la adolescencia se
volvió más introvertido, pero nadie lo notó, pues siempre estaba
rodeado de amigos, jugando a fútbol o viciado con la consola. En el
instituto, estudiaba lo suficiente para aprobar y llegar a la
siguiente fase. La universidad lo decepcionó, pero terminó la
carrera y ahora viajaba por todo el país haciendo auditorías de
gestión.
