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Foto: Lee Jeffries, Lost Angels |
y con el nombre se fueron el color, los olores,
la sensación de saber que se está donde se debe estar
y no en otra parte.
Del nombre sólo quedaba una idea hecha de niebla
que le lamía los pies
y suavemente se iba yendo,
dejándole gotas de rocío en los zapatos.
No sabía que su casa era su casa
aunque tenía cierta idea del concepto,
por eso dormía cada noche en una cama
y se iba sin entrar en denominaciones.
Fue como al principio, pero al revés:
la boca perdió su función, el índice se convirtió en lengua.
Cuando tenía hambre, en la tienda señalaba un pollo
mientras se palpaba la barriga
y si además del nombre quería alejarse del concepto,
se metía en los bares y señalabas las botellas con un dedo