mi
hermano y yo crecimos esa tarde,
un
beso nos quemó la infancia.
Ella
acomoda la cintura,
la
palma de mi mano en su deseo
y
abandono.
Es
un cuerpo que ocupa otras entrañas,
“Diez
pesos... y lo que quieras.”
Un
símbolo, olores ajenos.
Una
mujer lame mis sudoraciones.
Se
desprende.
Olvida.

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