Finalista del I Concurso Litteratura de Relato
Amanece. La vieja maleta de madera lleva dos días cerrada, en la misma posición, inmutable e indiferente a la mirada de Ángel, su dueño. Mientras, él se entretiene desgarrando la sábana desgastada del primer hostal que encontró entre los callejones sumergidos de la gran ciudad.
Siete de la mañana:
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No se ha movido de la cama; no ha podido. El sudor resbala por su frente ennegrecida con los restos del último carboncillo que le queda. Su bloc amarillento reposa junto a él, sobre la colcha. Dentro del cuaderno hay un sinfín de hojas, muchas de ellas sueltas y envejecidas, en las que aparecen esbozos de caras sonrientes, infantiles y adultas, algún octogenario y, sobre todo, la repetición de un mismo boceto. El mismo rostro inacabado una y otra vez.
