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domingo, 17 de marzo de 2024

Los lobos......Emerio Medina

Foto: Paco Luna, Casa de la Música, Miramar

La idea de ver lobos marinos me gustó desde el principio. Patricia los mencionó en la calle Sarandí cuando almorzábamos juntos en una mesa al aire libre y el sol de la primavera naciente me calentaba la cara. Lo dijo con entusiasmo, como si se alegrara de ser la primera en darme una información interesante. Por la forma en que habló, me quería sorprender. O quizá buscaba un tema de conversación para el resto de la tarde, algo que estuviera lejos del protocolo de esos días, con tanta gente hablando de su trabajo y tratando de quedar bien ante un público exigente.
       Ella masticaba su asado con desgano y bebía el refresco en tragos espaciados. Al final puso a un lado la carne y se limitó a probar las papas fritas y la ensalada. Sacó una manzana del bolso y la mordió con deseos, pero se quedó mirando lejos, hacia la plaza de Maldonado, hacia algún punto impreciso entre la estatua de Artigas y el lumínico de la tienda. Pensaba en algo, o parecía estar pensando. Acercaba la fruta a la boca y chupaba el jugo antes de dar otra mordida. Dejaba que los labios recorrieran un amplio espacio sobre la corteza roja y en un impulso lento arrancaba un pedazo minúsculo con los dientes, lo hacía resbalar sobre la lengua un tiempo largo y masticaba con calma, como si no tuviera el apuro mínimo, ni la menor idea del tiempo o el lugar donde estábamos.
         Sólo interrumpía el acto maquinal de saborear la fruta para arreglarse la bufanda alrededor del cuello. La prenda oscura hacía contraste con su rostro pálido y se empeñaba en rodar sobre el antepecho del abrigo para dejar al descubierto una parte del cuello delicado y blanco. Ella acercaba la mano, devolvía la prenda a su lugar y masticaba la fruta sin mirarme ni decir una palabra. Después miraba lejos sin siquiera molestarse con el ruido que yo hacía al tragar la carne, ni con mi rudeza tropical de mondar los huesos hasta dejarlos pelados, ni con la poco delicada costumbre de chuparme los dedos y limpiarme los dientes con las uñas a la vista de todos.
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