Finalista del III Concurso Litteratura de Relato
“¿Por
qué no nos damos cuenta de que somos felices cuando lo somos y sólo
lo descubrimos cuando ya no?”, se preguntó. Eran las seis y media
de la mañana, 21 de junio, comenzaba el invierno, la mañana era
oscura y el día corto. Se miró al espejo del baño. Tenía arrugas
pronunciadas, comenzaba a entrar en la tercera edad. Una cicatriz
oculta detrás de la oreja izquierda se asomaba en el cuello por
debajo del mentón. Debía levantar un poco la cabeza para vérsela.
Y en el rito matutino, lo hacía. Se quedaba unos instantes
observándola. La recordaba todas las mañanas, la marca distintiva
de la buena suerte o de la mala, según el punto de vista, de haber
sobrevivido. También vio la otra mitad quemada. El lado derecho de
su cuerpo parecía haber pasado por agua hervida, seguía rojo. Apagó
la luz del baño luego de cepillarse los dientes y se quedó inmóvil
en la oscuridad. Sintió su alrededor en una breve pausa. Odiaba las
mañanas nocturnas, pero odiaba aún más su vida miserable.
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| Foto: www.cerosetenta.uniandes.edu.co |
