Segundo Premio del III Concurso Litteratura de Poesía
tejiendo
sombras al compás de unos ojos
que se
cansaron de velar su tiempo
y que
prefieren esconderse en los recovecos
del pasado.
Sus ojillos
cansados vislumbran
los años del
maracuyá dulce y de la papaya
inédita
derretida entre sus manos
antes de
saborear la pulpa de sus treinta años
y el olor de
la leña
tosiendo
llanto y humo a desiguales partes.
Los nombres
suponen figuras ancladas
en un tiempo
remoto de úteros azules
y madrugadas
tibias compartidas por ese carrusel
de hijos y
nietos que se esconden en cajones de
madera
con aroma a
antaño.
Desde la
silla, próxima a la ventana
otea un
mundo que ya no le pertenece
y las
buganvillas le recuerdan que el tiempo
no tiene
memoria y el sueño supura un manantial
de caricias
heredadas sin futuro.
