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| Foto: Europa Press |
A
ellos,
repatriados
por la piel que derraman sangre
en
una costa que llamamos nuestra,
cuando
el mar, la tierra,
nunca
tuvieron dueño.
Sigo
sin entender por qué
juzgamos
por la melanina de la piel,
y
no por el color que dan sus ojos
o
lo bonito que besan.
Por
qué preferimos mirar a otro lado
cuando
podemos conocer de frente.
