Fragmentos de un diario del dolor existencial (IX)
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| Acuarela de Esther Aguilà, No había dos sin tres |
Barcelona, Primavera 1995
Llamémosle...
Tigre.
El
Tigre y la bruma que le oculta esa mirada de cristal que tiene. De
sus ojos verde aceituna surge una mirada acogedora que enamora. Tan
transparentes son que puedes ver a través de ellos y traspasar sus
barreras, barreras inexpugnables que ocultan tantas noches
solitarias, tantos días nublados y fríos, tantas comidas desoladas
frente al televisor…
No
puedo dejar de contemplarle cuando se vuelve sombrío. Es apasionante
observarle, ver la profundidad de sus pensamientos, qué sensación
insensata cuando te sientas a su lado. Te empapa con una especie de
rocío fresco, acumulado en el autoexilio de esta vida tan vacía
para él.
