Doy
gracias porque los veranos
siempre
les conceden
una
segunda oportunidad
a
los amantes que fueron
pasajeros
una noche.
Me
acerqué de nuevo,
llevando
en el cuenco de mis manos
todos
los miedos
del
que ha visto ciudades
hacerse
polvo y ruinas.
Y
me recibió sin temer al fuego
porque
a diferencia de los árboles,
ella
sabía bailar.
