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| Foto: Tukad Cepung, Bali (www.wildandaway.com) |
las
estrellas de tus ojos
prenden
en el corazón
de
mirar arrepentido,
por si se quiere quedar
a tu
lado
y no le bastan los rescoldos
de
otros besos olvidados...
¡Ay,
corazón!, que me quemas
cuando
la oigo suspirar,
y
hasta paras un ratito
tu
enfermizo caminar.
Dame
tus manos de nácar,
dame tus
manitas frías,
que no
le temo a la vida
si
estoy en tu compañía;
déjame
que me despierte
acurrucado
a tu vera,
que
ahora estoy solo de noche
y la
paso siempre en vela.
