Finalista del II Concurso Litteratura de Relato
¡Allí estaba! Discreto, pequeño, disimulado tras unas pieles de serpiente en un terrario. ¡Allí estaba! Reposando y jugando a pasar inadvertido. Un pequeño bolso anodino. Un simple bolso de mano, pero con una larga cadena plateada.
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| Foto: www.tuszapatosybolsos.com |
¡Allí estaba! Discreto, pequeño, disimulado tras unas pieles de serpiente en un terrario. ¡Allí estaba! Reposando y jugando a pasar inadvertido. Un pequeño bolso anodino. Un simple bolso de mano, pero con una larga cadena plateada.
Aquella mañana se levantó fría, muy fría. Al abrir los ojos, con mucha dificultad, noté la boca seca. El espejo del cuarto de baño mostraba ante mí la figura exacta de la decadencia: ojos hinchados que, en su día, fueron dignos de halagos, ojeras inmensas de color grisáceo y el marco enmarañado de unos cabellos salvajes que, tan sólo horas antes, habían sido ordenados en perfecta armonía tras una hora de secador y tenacillas.
La noche anterior fue realmente inolvidable. A pesar del tremendo dolor de cabeza que me aplastaba las ideas, acudieron a mi mente imágenes nítidas, como relámpagos, y después borrosas. Fue “la gran noche”. La noche en la que hice una prueba de cine para ser ¡la actriz protagonista de una película de Hollywood!
