—si
no lo hubiera, no me molestaría tanto—;
escribo
porque soy náufraga y las palabras
son
mi único bote salvavidas,
sustento,
oxígeno,
y
quedan ya pocas cosas a las que aferrarme.
Escribo
porque de verdad creo en el arte
como
forma de humanidad fundamental,
porque
creo en la justicia elevada
con
todas mis fuerzas,
y
no encuentro otra manera de hacer
que
mi rabia aflore constructivamente.
