Foto: Gael García Bernal en La mala educación, de Pedro Almodóvar
Cuando la vi por primera vez, no tuve más remedio que rendirme a
su hermosura, estilo y sensualidad, no podía dejar de mirar su elegante
contoneo de caderas, su escote vertiginoso y el leve movimiento de su sedosa
melena negra. Vamos, que era lo que se dice en tono coloquial “un pibonazo”. Al
ver que se dirigía directamente a mi portal, mi curiosidad aumentó por momentos
y decidí que debía ir a casa a coger algo que se me había olvidado. Al abrir la
puerta, ella giró su cabeza hacia mí mientras cerraba el buzón, una vez
recogida la correspondencia, y realizando un gesto en forma de saludo, se metió
en el ascensor. Yo iba al primero, no tenía excusa para cogerlo. Cuando entré
en casa, mi mujer, algo alterada, vino corriendo y me dijo: ―Paco, ¿sabes quién ha venido a vivir al 4º
D?