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Foto: Blue Valentine, de Derek Cianfrance |
Una pareja de enamorados paseaban
cogidos de la mano por un centro comercial. El edificio tenía forma de
pirámide. En su día prometió aires de grandeza y alardeaba de ser uno de los
atractivos cercanos a una promoción de viviendas. Con el tiempo, se había
convertido en un residuo de tristeza y decadencia succionado por la parte vieja
de un barrio a las afueras de la ciudad.
El hombre y la mujer arrastraban los pies más de lo normal. Tendrían unos cuarenta y tantos años. Él era un hombre delgado con la piel blanca, perilla y coleta, que llevaba con donaire un aro pequeño en una de sus orejas y sabía que le quedaba bien. Vestía unos pantalones vaqueros desgastados, una camisa de pana beige y un chaleco color verde militar. Los zapatos, unos castellanos impecables, limpiados a conciencia. Ella lucía un abrigo de piel barata que impedía ver el resto de su vestuario, un pantalón negro y unas zapatillas de deporte. Llevaba mucho maquillaje, azul y morado.
El hombre y la mujer arrastraban los pies más de lo normal. Tendrían unos cuarenta y tantos años. Él era un hombre delgado con la piel blanca, perilla y coleta, que llevaba con donaire un aro pequeño en una de sus orejas y sabía que le quedaba bien. Vestía unos pantalones vaqueros desgastados, una camisa de pana beige y un chaleco color verde militar. Los zapatos, unos castellanos impecables, limpiados a conciencia. Ella lucía un abrigo de piel barata que impedía ver el resto de su vestuario, un pantalón negro y unas zapatillas de deporte. Llevaba mucho maquillaje, azul y morado.