Finalista del V Concurso Internacional “Litteratura” de Relato
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| Foto: Sandra Barcelona |
Hoy será mi noche, definitivamente lo es. A mis cincuenta años, aún soy una mujer atractiva y deseable. Ahí en el espejo vive la otra, la positiva, la que me ama más que yo a mí misma, la que siempre me mira con buenos ojos, la que nunca ve mis defectos. Ella me devuelve una mirada alegre, chispeante, que me recuerda que soy hermosa. Escribo sobre mi rostro reflejado en el espejo: “linda”, y me premia con una sonrisa esplendorosa.
Mis
cabellos esparcidos hasta la
cintura, llameantes y ondulados;
mis ojos verdes, azules o grises, dependiendo de las lentillas con
las que juegue, enmarcados por unas gafas de pasta azules, pequeñas
y rectangulares que me dan un aire de inteligente profesora de
Harvard; mi nariz recta, es un poco grande pero le da carácter a mi
rostro; mis labios llenos, rojos, bien delineados, acompañados de
esos dos dientes centrales, levemente echados hacia delante, que le
aportan un toque de lascivia; una boca voluptuosa, esa boca que todos
desean besar, especialmente cuando, como ahora, la delineo con un
lápiz rojo y la lleno de color y brillo. Aprovecho y también dibujo
una línea por encima de mis párpados y otra por debajo de mis ojos,
en este caso color turquesa. Y escribo con letras invisibles “mirada
seductora”.
