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Empecé a elaborar estrategias para remediar la situación. Intenté pensar en fútbol para adormecer mi mente. La cosa no funcionó demasiado bien. La patética situación del Barça no hacía más que incrementar los motivos para la lamentación. Intenté trabajar más, apuntarme a un gimnasio, consumir tila y valerianas. Todo en vano. Ya sólo me quedaba el recurso de las pastillas o la anestesia general. Ésta había de ser la última estrategia. Llegó un momento en que si no acudía a remedios médicos terminaría por dar trabajo a un sepulturero. Así pues, antes de acabar literalmente muerto de sueño, sucumbí a mi arrogancia y decidí llamar al CAP para pedir hora. Milagrosamente, me dieron hora para aquella misma tarde