almorzás en restaurante a diario
como
si tuvieras sueldo tiempo completo;
te ponés gorra de
jubilado
y dormís, vivís, bebés y fumás como
un
solterón o un viudo.
Escribís
como un nobel póstumo,
soñás como se sueña en la
ingenua
Infancia, te reís como un cínico muy rico
que
aunque acechado y consumido
tuviera una guerrilla
personal,
galán de novatos,
sofista de tiempo
espectacular,
que
tu saber oracular
te lleve a la tumba pronto
