Lo cuento y nadie lo
cree.
Jamás pensé que iba a
quedar, porque siempre seleccionan a los que tienen algún drama de esos que conmueven,
pero resulta que yo estaba bien, de chico no me abandonaron, ni abusaron de mí, ni
soy un incomprendido hijo de famosos... ni nada.
Una vida totalmente
intrascendente y aburrida. ¿Sería por eso que quedé?
Cuando hicieron el casting
éramos como “quiticientos”. Me acuerdo que delante mío
había una chica muy rebelde y trasgresora que no paraba de mandar whatsapps. Su
cabello era oscuro, teñido de color rosa chicle, y mostraba su cuerpo totalmente tatuado.
Estaba convencida de que iba a quedar ella porque cada tatuaje reflejaba los
grandes acontecimientos mundiales.
—Boludo, soy la historia viviente —decía con cierta
soberbia. Y sí, lo tenía todo: en sus pechos turgentes los balones de oro de Messi, el Papa
Francisco en un hombro, el Che en el otro, y Obama mordiéndole la cola (así
dijo ella).