Finalista del IV Concurso Litteratura de Relato
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| Foto: Santi Otero, Exhumación de víctimas del franquismo en el monte de Estépar |
El médico de familia entró en la cocina con cara de circunstancias. Un enjuto hombrecillo que representaba a la perfección la definición exacta de su oficio.
A punto de jubilarse, contaba más de cuarenta años en el pueblo y
conocía a la familia como si formase parte de ella. Él la había ayudado a
dar a luz a su hija Mirian.
–La enfermedad ha progresado
–dijo con voz quebrada–. Me temo que poco puede hacerse ya, salvo aliviar su
sufrimiento. Voy a ordenar su ingreso en el hospital, donde podrán administrarle
los cuidados paliativos pertinentes.
Elena, sentada junto al hogaril que apenas alumbraba el más gris
de los amaneceres, asintió con ojos rojos, hinchados tras incontables lágrimas.
“Es lo mejor para todos”, pensó para sus adentros, “demasiado ha luchado mi
madre ya por este mundo de mierda”.
