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| Dibujo: Adrizz Kennedy, El viejo pervertido carga a la niña inocente |
Su cabellera, lacia y castaña, lanzaba destellos de simpatía al recibir los rayos del sol. Ella seducía a la tarde con su nobleza; a mí me tenía hipnotizado al reptar sobre el piso, adecuando la tierra, reacomodando la empalizada –formada por trozos de madera.
–¡Ay, la gente es muy mala, no tiene conciencia de nada! ─lanzando
suspiros con las cejas arqueadas, la chica continuaba su labor─.
Mira, Lauro, todas estas tablitas que ahora están regadas, la última
vez que estuve aquí, las dejé bien acomodadas. Y ahora, ve, ¡todo
revuelto!… ¡Qué fea es la gente, la verdad! Aunque, bueno, la
tierra no se dejó vencer por esos. ¡Mira, ya está brotando
vida!
Su
rostro se iluminó con una amplia sonrisa al descubrir pequeñas
hojas que asomaban de la tierra, como pequeñas manos vegetales. Con
la mirada anclada en el piso, Lupita se afanaba. Parecía acariciar
la tierra mientras colocaba los maderos en su lugar, sin poder
ocultar la emoción que le producía el contacto con el suelo –esta
agitación aparecía en su rostro más intensa que un orgasmo o un
merecido reconocimiento. Un olor a mierda de perro mezclado con
orines de humano deambulaba por el parque. Yo la observaba a
