martes, 29 de septiembre de 2026

Ángeles y escarabajos......U. R. Olivero

Foto: Terelyuk Anna, Niña sentada en una librería, ojeando un libro

Eros y tánatos… y las pasiones intensas de los chavales con sus preguntas punzantes y comprometedoras, y el mejor camino hacia ellos para llegar, y cobijarles, y un poco más lejos las vibraciones del autor de Más allá del bien y del mal, de todas las estaciones y fronteras que son capaces de transmitir las palabras cuando revelan, o construyen, y los muchos pasadizos un poco más allá… pero la mamá de Carla sabe que por la tarde pasearán un rato por el Passeig de Gràcia, y se pregunta dónde habrá visto su hija esas palabras que le preguntó en la mañana, pero ahora, ya puestas en camino, no la mareará, ahora se han bajado en plaza Catalunya y enrumbarán directo a la Casa del Llibre.
         Una amiga le recomendó un par de títulos y la mamá de Carla, ahora que tiene un respiro de vacaciones, piensa desintoxicarse un poco de tanta rutina y de tanto pelma engreído que no dice ni dónde hay, ni dónde se consigue hacer la O con el famoso canuto, así que las preguntas de Carla tienen sus migas, sí, y la mamá lo sabe, porque en algún lado las habrá visto y se le prendió la palabrita, y ella no supo en ese momento qué responderle, que después le diría, que mejor se preparara la mochila porque saldrían para el centro.
          “¿En la furgo, ma?”
          “No, hija, vamos en el tren hasta plaza Espanya, y ahí cambiamos al metro, ¿te parece?”
          “Sí, ma, pero no te olvides de decirme lo que significan esas tres palabras que me anoté.”
          “No, hija, después las consulto en un buen Diccionario y así me refresco un poco, y te explico, ¿vale?”
          “Vale.”
          Hostia, monologa Madame Miró dentro de Miró, ¿Dónde vio Carla esa palabra, y por qué se le quedaron esas tres y no cualquier otra? Hostia, los chavales arman una revolución ellos solitos…
         Ahora tiene casi un mes de vacaciones y piensa ponerse al día en unas cuantas cosas. “Así que Morgue, hostia, eso es un sitio que tiene que ver con muertos, bueno, hasta ahí llego, después consulto las otras dos palabras, el Pensar ese, la verdad es que nunca me había detenido en esa palabra. Lo del sitio de los muertos, bueno, eso está claro, llegamos, vivimos y luego nos vamos, hasta esa cordillera llego”, barrena Miró dentro de otra Miró, “pero… ¿y el pensar ese de dónde lo sacó su hija? No, eso de las palabras es un laberinto muy engorroso, uno las lee, o las escribe, pero no se pone mucho a indagar en ellas, y mucho menos en algunos verbos como ese, pensar todos pensamos, ¿pero qué quiere decir? Hostia, y el Ósculo ese, la tira…”, soliloquea Madame Miró desde otra Miró.
          Carla mira las figuras de los bancos, lomos de lagartos, dientes de dragones, garras y garfios de hierro, pero las palabras que vio en un libro de la estantería de la biblioteca de su mamá están ahí, y le aletean en el pensamiento, se posan a veces, pero a veces también alzan el vuelo y alcanzan las nubes, y se metamorfosean con ellas. El otro reino del gran Gaudí. Vio esas palabras en algún libro, pero si ahora la mamá le preguntara no recordaría dónde, ni cómo se llama el libro, ni en que parte del estante duermen, ahora mismo sus ojos y su cabeza están en otro viaje, y la fauna y los animales de las figuras de algunos bancos del Passeig de Gràcia están haciendo su castillo aparte. Ya están al llegar, de repente Carla se antoja de un helado de chocolate, y ve pocos niños en esa primavera del nacimiento de marzo. En su barriada no hay muchos, pero su barrio es pequeño, sin embargo esto es una ciudad grande, invasora, el paseo por el que van es gigantesco, de varios carriles la avenida, y autobuses y taxis y muchas personas con sus cámaras en el asunto ese de las fotos…
            “No veo muchos niños por aquí, ma.”
         “No, hija, estarán en sus casas con sus padres. Estamos al comienzo de la primavera y seguro que ahora para el verano las playas se llenarán, digo yo…”
            “¿Nosotras también iremos?”
        “Claro, hija, también iremos. Iremos en la furgo por ahí por Cadaqués, que tiene playas que molan mucho.”
           “Y a lo mejor también hay muchos niños por ahí.”
           “Seguro que sí.”
        Se sientan en una de las terrazas a pocos pasos de la Casa del Llibre. Pasa un moreno vendiendo figuritas de bambú. Sus ganas se debaten entre si se quedan con un escarabajo o lo que parece un hipopótamo. Al final, ganó por goleada el escarabajo.
           “¿Cuánto?”
           “Diez euros, amiga.”
          “¿Diez euros? Hostia, chaval, te estás pasando, por ese precio puedo llevar a mi hija al zoológico de la Ciutadella, o ahorro un año más y la llevo al Serengueti de África”, y en eso que la mamá la mira y le guiña un ojo, sonríen los ojos de las dos, y al final, el amigo de aquellos paraísos se contenta con un billete de cinco euros. Carla termina su sabroso helado, y por un rato lo llevará en las manos para que no se asfixie dentro de la mochila.
          A la entrada de la Casa del Llibre, su mamá se tropieza con su amiga Neus. No pensaba currar hoy, le dice, pero la llamó el jefe, y como vive cerca… Cruzaron algunas palabras en catalán y entraron.
          Los ojos de Carla querían atraparlo todo, inundarse de tantos libros y tantos títulos y tantos colores que no podían domarse de una sola sentada, en la casa de su madre había un mogollón de libros, pero en este lugar eran montañas y montañas.
          Mamá Miró consultó el Casares, y un par más.
        ¡Y basta!!! No voy a enrollarme, así que Pensar: imaginar o discurrir una cosa, examinar con cuidado para formar dictamen… todo eso mola mucho, pero me quedo con este otro que dice formar ideas. Las palabras nacen, y después que nacen ya empiezan su travesía, y no tienen nunca ni principio ni final, o sea que hay que ajustarse a lo más económico, que para eso somos catalanes, collons, pero… La hostia, nen, que Morgue sea en Francia un depósito judicial de cadáveres, ese lugar no me gusta nada, pero cuando le comente, le pasaré por arribita, como quien no quiere la cosa, y con el verbo ese de pensar ahí desbarraré, que sepa mi chavala que las ideas nacen con unas formas, y después con el tiempo se van adaptando a otras, y así vamos, hoy acá y mañana flipamos por allá, como la vida misma.
          “Ma.”
          “Dime, mi ángel.”
          “¿Ya viste lo que significan esas palabras?”
          “Sí, hija, sí, la morgue esa es donde hay gente que se murió, y están ahí hasta que la familia se ocupe y les lleven para el cementerio a descansar, pero el verbo ese, el pensar ese sí que resulta interesante, fíjate que hasta se me ocurrió escribir una historia con algunas ideas que ahora me bailan en la cabeza. ¿Te mola?”
          “Sí, ma, es una buena idea esa.”
          “…”
          “Y hasta puedes meter ahí al escarabajo.”
        “Sí, hermosa, vamos a formar unas cuantas ideas con el bicho ese, bueno, con el escarabajo que nos querían vender por una buena pasta gansa, pero el chaval se fue contento, y eso es lo importante. Por lo menos, ya se podrá pagar un buen falafel en Joaquín Costa.”
          “¿Y la otra palabra, mamá?”
          “Ah, ¿ésa? Bueno, mi amor, el ósculo ese quiere decir beso, significa beso esa palabra.”
          “Ay, ma, pero que fea es. No se pueden formar ideas buenas con una palabra tan fea, ¿o sí, ma?”
          “Bueno, hija, las palabras en sí mismas no son feas ni bonitas, siempre dependerá de cómo las veamos dentro de nosotros, del color que les pongamos en ese momento en que las liberamos. A veces una no tiene un buen día, y hasta la palabra más hermosa del mundo nos parece una cosa horrible, pero eso fue por el día que tuvimos, o por lo que nos pasó un rato antes, y estamos así como encendidos y quemándonos por dentro, y quien lleva todas las de perder es esa palabra, eso pasa muchas veces, hija. En la forma nos pueden parecer muy feas, pero si las miramos con cierta serenidad, y no con rabia, hasta la más horrible puede tener los mejores destellos y aromas del mundo, ningún día es igual a otro, como ninguna palabra es esto o aquello. Lo que significan es un aproximado a lo que sentimos y queremos decir en ese momento, ¿me hago entender, mi ángel? Porque hasta yo misma en este momento me enredé…”
          “Es que debiste comerte un helado, mamá, pero estabas pensando en zoológicos y esas cosas, y se te olvidó.”
          “Sí, hija, creo que debí comerme un buen helado de chocolate y no estar pensando en tonterías…”
          “Ven, mamá, te voy a dar un ósculo. A lo mejor tienes hambre y no te has dado cuenta todavía…”
          “Ay, hija, ¡qué bueno!…”
       Carla la besa y su mamá, muy en el fondo de sus ojos nimbados de rocío, un poco más abajo, a la izquierda, siente alguna corriente que todavía ningún diccionario ha podido descifrar. 

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