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| Foto: Terelyuk Anna, Niña sentada en una librería, ojeando un libro |
Eros y tánatos… y las pasiones
intensas de los chavales con sus preguntas punzantes y comprometedoras, y el mejor camino hacia ellos para llegar, y
cobijarles, y un poco más lejos las vibraciones del autor de Más
allá del bien y del mal, de todas las estaciones y fronteras que
son capaces de transmitir las palabras cuando revelan, o construyen,
y los muchos pasadizos un poco más allá… pero la mamá de Carla
sabe que por la tarde pasearán un rato por el Passeig de Gràcia, y se
pregunta dónde habrá visto su hija esas palabras que le preguntó
en la mañana, pero ahora, ya puestas en camino, no la mareará,
ahora se han bajado en plaza Catalunya y enrumbarán directo a la
Casa del Llibre.
Una
amiga le recomendó un par de títulos y la mamá de Carla, ahora que
tiene un respiro de vacaciones, piensa desintoxicarse un poco de
tanta rutina y de tanto pelma engreído que no dice ni dónde hay, ni
dónde se consigue hacer la O con el famoso canuto, así que las
preguntas de Carla tienen sus migas, sí, y la mamá lo sabe, porque
en algún lado las habrá visto y se le prendió la palabrita, y ella
no supo en ese momento qué responderle, que después le diría, que
mejor se preparara la mochila porque saldrían para el centro.
“¿En
la furgo, ma?”
“No,
hija, vamos en el tren hasta plaza Espanya, y ahí cambiamos al
metro, ¿te parece?”
“Sí,
ma, pero no te olvides de decirme lo que significan esas tres
palabras que me anoté.”
“No,
hija, después las consulto en un buen Diccionario y así me refresco
un poco, y te explico, ¿vale?”
“Vale.”
Hostia,
monologa Madame Miró dentro de Miró, ¿Dónde vio Carla esa
palabra, y por qué se le quedaron esas tres y no cualquier otra?
Hostia, los chavales arman una revolución ellos solitos…
Ahora
tiene casi un mes de vacaciones y piensa ponerse al día en unas
cuantas cosas. “Así que Morgue, hostia, eso es un sitio que tiene
que ver con muertos, bueno, hasta ahí llego, después consulto las
otras dos palabras, el Pensar ese, la verdad es que nunca me había
detenido en esa palabra. Lo del sitio de los muertos, bueno, eso está
claro, llegamos, vivimos y luego nos vamos, hasta esa cordillera
llego”, barrena Miró
dentro de otra Miró, “pero… ¿y el pensar ese de dónde lo sacó
su hija? No, eso de las palabras es un laberinto muy engorroso, uno
las lee, o las escribe, pero no se pone mucho a indagar en ellas, y
mucho menos en algunos verbos como ese, pensar todos pensamos, ¿pero
qué quiere decir? Hostia, y el Ósculo ese, la tira…”,
soliloquea Madame Miró desde otra Miró.
Carla
mira las figuras de los bancos, lomos de lagartos, dientes de
dragones, garras y garfios de hierro, pero las palabras que vio en un
libro de la estantería de la biblioteca de su mamá están ahí, y
le aletean en el pensamiento, se posan a veces, pero a veces también
alzan el vuelo y alcanzan las nubes, y se metamorfosean con ellas. El
otro reino del gran Gaudí. Vio esas palabras en algún libro, pero
si ahora la mamá
le preguntara no recordaría
dónde, ni cómo se llama el libro, ni en que parte del estante
duermen, ahora mismo sus ojos y su cabeza están en otro viaje, y
la fauna y los animales de las figuras de algunos bancos del Passeig
de Gràcia están haciendo su castillo aparte. Ya están al llegar,
de repente Carla se antoja de un helado de chocolate, y ve pocos
niños en esa primavera del nacimiento de marzo. En su barriada no
hay muchos, pero su barrio es pequeño, sin embargo esto es una
ciudad grande, invasora, el paseo por el que van es gigantesco, de
varios carriles la avenida, y autobuses y taxis y muchas personas con
sus cámaras en el asunto ese de las fotos…
“No veo muchos niños por aquí,
ma.”
“No, hija, estarán en sus casas
con sus padres. Estamos al comienzo de la primavera y seguro que
ahora para el verano las playas se llenarán, digo yo…”
“¿Nosotras también iremos?”
“Claro, hija, también iremos.
Iremos en la furgo por ahí por Cadaqués, que tiene playas que molan
mucho.”
“Y a lo mejor también hay muchos
niños por ahí.”
“Seguro que sí.”
Se sientan en una de las terrazas a
pocos pasos de la Casa del Llibre. Pasa un moreno vendiendo figuritas
de bambú. Sus ganas se debaten entre si se quedan con un escarabajo
o lo que parece un hipopótamo. Al final, ganó por goleada el
escarabajo.
“¿Cuánto?”
“Diez euros, amiga.”
“¿Diez euros? Hostia, chaval, te
estás pasando, por ese precio puedo llevar a mi hija al zoológico
de la Ciutadella, o ahorro un año más y la llevo al Serengueti de
África”, y en eso que la mamá la mira y le guiña un ojo, sonríen
los ojos de las dos, y al final, el amigo de aquellos paraísos se
contenta con un billete de cinco euros. Carla termina su sabroso
helado, y por un rato lo llevará en las manos para que no se asfixie
dentro de la mochila.
A la entrada de la Casa del Llibre,
su mamá se tropieza con su amiga Neus. No pensaba currar hoy, le
dice, pero la llamó el jefe, y como vive cerca… Cruzaron algunas
palabras en catalán y entraron.
Los ojos de Carla querían atraparlo
todo, inundarse de tantos libros y tantos títulos y tantos colores
que no podían domarse de una sola sentada, en la casa de su madre
había un mogollón de libros, pero en este lugar eran montañas y
montañas.
Mamá Miró consultó el Casares, y
un par más.
¡Y basta!!! No voy a enrollarme,
así que Pensar: imaginar o discurrir una cosa, examinar con cuidado
para formar dictamen… todo eso mola mucho, pero me quedo con este
otro que dice formar ideas. Las palabras nacen, y después que nacen
ya empiezan su travesía, y no tienen nunca ni principio ni
final, o sea que hay que ajustarse a lo más económico, que para eso
somos catalanes, collons, pero… La hostia, nen, que Morgue sea
en Francia un depósito judicial de cadáveres, ese lugar no me gusta
nada, pero cuando le comente, le pasaré por arribita, como quien no
quiere la cosa, y con el verbo ese de pensar ahí desbarraré, que
sepa mi chavala que las ideas nacen con unas formas, y después con
el tiempo se van adaptando a otras, y así vamos, hoy acá y mañana
flipamos por allá, como la vida misma.
“Ma.”
“Dime, mi ángel.”
“¿Ya viste lo que significan esas
palabras?”
“Sí, hija, sí, la morgue esa es
donde hay gente que se murió, y están ahí hasta que la familia se
ocupe y les lleven para el cementerio a descansar, pero el verbo ese,
el pensar ese sí que resulta interesante, fíjate que hasta se me
ocurrió escribir una historia con algunas ideas que ahora me bailan
en la cabeza. ¿Te mola?”
“Sí, ma, es una buena idea esa.”
“…”
“Y hasta puedes meter ahí al
escarabajo.”
“Sí, hermosa, vamos a formar unas
cuantas ideas con el bicho ese, bueno, con el escarabajo que nos
querían vender por una buena pasta gansa, pero el chaval se fue
contento, y eso es lo importante. Por lo menos, ya se podrá pagar un
buen falafel en Joaquín Costa.”
“¿Y la otra palabra, mamá?”
“Ah, ¿ésa? Bueno, mi amor, el
ósculo ese quiere decir beso, significa beso esa palabra.”
“Ay, ma, pero que fea es. No se
pueden formar ideas buenas con una palabra tan fea, ¿o sí, ma?”
“Bueno, hija, las palabras en sí
mismas no son feas ni bonitas, siempre dependerá de cómo las veamos
dentro de nosotros, del color que les pongamos en ese momento en que
las liberamos. A veces una no tiene un buen día, y hasta la palabra
más hermosa del mundo nos parece una cosa horrible, pero eso fue por
el día que tuvimos, o por lo que nos pasó un rato antes, y estamos
así como encendidos y quemándonos por dentro, y quien lleva
todas las de perder es esa palabra, eso pasa muchas veces, hija. En
la forma nos pueden parecer muy feas, pero si las miramos con cierta
serenidad, y no con rabia, hasta la más horrible puede tener los
mejores destellos y aromas del mundo, ningún día es igual a otro,
como ninguna palabra es esto o aquello. Lo que significan es un
aproximado a lo que sentimos y queremos decir en ese momento, ¿me
hago entender, mi ángel? Porque hasta yo misma en este momento me
enredé…”
“Es que debiste comerte un helado,
mamá, pero estabas pensando en zoológicos y esas cosas, y se te
olvidó.”
“Sí, hija, creo que debí comerme
un buen helado de chocolate y no estar pensando en tonterías…”
“Ven, mamá, te voy a dar un
ósculo. A lo mejor tienes hambre y no te has dado cuenta todavía…”
“Ay, hija, ¡qué bueno!…”
Carla la besa y su mamá, muy en el
fondo de sus ojos nimbados de rocío, un poco más abajo, a la
izquierda, siente alguna corriente que todavía ningún diccionario
ha podido descifrar.

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