Para Irene
Perdemos
un ojo o un oído, la vista o la audición,
perdemos
una uña, uno o varios dedos, una mano,
un brazo,
una
pierna, las dos o hasta las cuatro extremidades
y
quedamos más reducidos que media lagartija;
nos
extirpan la matriz, un seno o el conjunto,
una
porción de recto, de hígado o estómago;
perdemos
los dientes desde niños, el tabique, la
nariz,
perdemos
una oreja –por mano ajena o propia–,
perdemos
la tiroides o un fragmento,
perdemos,
o nos roban, un riñón o hasta los dos,
las
amígdalas, los adenoides, un testículo o el par
y
el falo mismo;
las
neuronas, las dendritas y sinapsis
y
en ocasiones una porción considerable de masa encefálica;
se
nos mueren las células, la memoria y el recuerdo
Nos
ponemos pelo, ojos de vidrio, oídos de titanio,
plásticas
narices y tabiques,
nos
implantan dientes y coronas con injertos de hueso de vaca,
de
cerdo u otro humano;
corazones
de hule, mallas en las tripas, válvulas, stents,
riñones
heredados, comprados o robados,
piernas
de acero, brazos ibídem,
tendones,
ligamentos, balones gástricos, tornillos, tuercas y arandelas,
injertos
de nuestra propia piel, músculos y huesos,
células
de nuestras células, virus de nuestros virus,
hijos
de los virus de los niños portadores en sus cuerpos
traídos
en barcos como vacunas humanas hace siglos;
nos
inoculan la sangre de otros
y
hay quienes reciben la nuestra en transfusiones
a
veces fracasadas, a veces exitosas.
Aunque
nos creamos únicos y auténticos, originales, individuales,
yo
soy carne de tu carne, tú eres sangre de mi sangre,
la
raíz de tu moco está en mis pulmones,
en
nuestros hijos y nietos habita la excrecencia prostática de muchos;
las
bacterias de otras especies crecen y se reproducen en nosotros,
nos
quitamos la sed con excrementos ajenos y hay quien se alimenta de los
nuestros;
estamos
unidos como las ínsulas de la corteza terrestre por su entraña de
magma
y
una sola atmósfera común.
Y
entre el dolor finito y el ahora inacotable olvidamos
que
cada órgano y porción de nuestra envoltura merece un duelo
y
que cada injerto, reparo o prótesis justifica una fiesta.
Desagradecidos
como larvas:
que
el escrúpulo o la amargura no embarguen nuestra moral provisional y
fútil,
no
somos perdurables,
no
habrá transmigración.

No hay comentarios:
Publicar un comentario