Finalista del V Concurso Internacional “Litteratura” de Relato
![]() |
Foto: El Sol, Los sucesos de anoche en el Paseo de Recoletos. Los doctores curando a Emilio Arauzo Honorio, gravísimamente herido |
Nadie
lo sabe, Emilio, pero tú estás muerto.
*
Licenciado y doctor en Ciencias de la Información por la Universidad
Complutense de Madrid (UCM, 1995 y 2000), licenciado en Psicología
por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM, 2000), licenciado en
Derecho por la UCM (2004) y doctor por la UNED (2014). A lo largo de
su trayectoria investigadora, ha trabajado en la solución de
diversos problemas científicos interdisciplinares. Obtuvo un
contrato en prácticas como Titulado Superior de
Administración en el CSIC en 2005 para la
negociación y redacción de contratos de transferencia de tecnología con organismos nacionales e internacionales. Ha
participado en proyectos de investigación financiados por distintos
organismos públicos como, entre otros: UCM, Comunidad de Madrid, Universidad Pedagógica Experimental
Libertador de Venezuela, Secretaría de Ciencia, Tecnología e
Innovación Productiva de Argentina, Ministerio de Ciencia,
Tecnología y Medio Ambiente de Cuba y Universidad de La Frontera en
Temuco. Seleccionado como ponente y conferenciante de
diversos congresos y seminarios, organizados por diferentes
instituciones, entre otras: Centro de Investigación Científica y
Tecnológica de la Escuela Superior Politécnica del Litoral de
Guayaquil, Sociedad Meteorológica de Cuba, Centro
Argentino de Etnología Americana-CONICET, Facultad de Humanidades de
la Universidad de FASTA (Argentina), Universidad de Génova,
Cátedra UNESCO / Metodista de Comunicaçao para o Desenvolvimento
Regional de Brasil, Facultad de Filosofía y Ciencias de la
Universidad Estadual Paulista de Brasil, Ministerio de Informática y
Comunicaciones de Cuba e Instituto Politécnico José
Antonio Echeverría, y Asociación de Bibliotecarios Graduados del
Paraguay. Ha obtenido diversos premios literarios: Segundo Premio del
III Concurso Teatro Breve (UAM, 2017), ganador del XLIX Certamen
Literario Riopar Verso 2023, Tercer Premio del III Certamen de haiku
Kasumi (2023), Accésit del VII Certamen Literario Microrrelatos
Caseteros (2023), Segundo Premio del IX Certamen Literario “Farmacia
de toda la vida” (2023), Segundo Premio del IV Certamen de Poesía
“Amparo Lara Fuentes” (2023), ganador en categoría Poesía del
Concurso UAM de Creación 2023-24, ganador del III Certamen de
guiones de teatro FATEA Rubielos de Mora (2024), Segundo Premio en
categoría Poesía del XLVII Concurso Literario Fráter Madrid (2024)
y ganador del XI Concurso de Relatos Cortos “Plazuela de los
Carros” (2024). Finalista del V Concurso Internacional
“Litteratura” de Relato.
Cae el atardecer en la
ciudad. No lo sabe Visitación, que andará dormida en casa. No lo
saben tus hijos, dos niños y una niña ya sin padre nuestro. No lo
sabe tu madre anciana, en este silencio quebradizo que anuncia la
aurora. No lo sabe tu cuñado. Él fue quien te sumó anoche a la
manifestación.
No
tenías sueño y fuiste al cine. La película era mejor que la del
pobre encuadernador en paro con los cincuenta recién cumplidos que
cada día proyecta el espejo. Salías del teatro, luna nueva en el
cielo de Madrid, y esa marea humana te sorprendió. Vivas ardorosos.
Vivas enardecidos. Gargantas henchidas de fe. Entre ellas, la de tu
cuñado.
Estaba
en el Círculo Republicano cuando los manifestantes irrumpieron,
pidieron una bandera tricolor y la ataron a un palo. Hamelín ya
tenía flauta. Y la gente, tu cuñado también, siguió a la flauta.
Como
en toda película, se lo advertiste: No te metas en líos y vete a
dormir. Es la frase del secundario que va a morir. Cómo pudiste no
darte cuenta. Tu cuñado cumplió el guion: No pasa nada. Vete tú,
que tendrás que madrugar. La escena, con la Puerta del Sol en
ebullición, no podía quedar así. Pedía más. La historia siempre
pide más. Y tú, obrero con cara de obrero, pelo oscuro y corto,
negros ojos abrigados por la espesura de las cejas, un bigote largo y
recto que domina entero el rostro, estuviste a la altura, con la
frase perfecta, la última de tu papel: No, yo no te dejo solo.
Hamelín,
la marabunta y tú: Emilio Arauzo Honorio. Por la calle de Alcalá
todo parece posible. En el paseo de Recoletos sucede lo impensable.
Los guardias civiles, jorobados y nocturnos en la noche nochera,
salen al paso. Los manifestantes siguen a Hamelín.
Súbitamente,
las jorobas se aplanan y los rostros se abultan, negro eclipse de
máuser. Tercos fusiles agudos por toda la noche suenan. La gente
chilla y corre dispersa, cuadro viviente de Genovés. Se resguardan.
Se echan al suelo. Reptan para abandonar la escena, donde quedan
huérfanas boinas, sombreros, gabardinas, un abrigo ensangrentado. Y
heridos. Muchos heridos. Todos tienen algo en común que los separa
de ti: ellos sobrevivirán, tú no.
Una
bala te ha entrado por la espalda y ha salido por tu vientre. Tienes
otro balazo en la mano derecha. La sangre es escandalosa sobre la
camisa blanca. Las curas de urgencia en la clínica de la calle
Tamayo no bastan. El traslado al Equipo Quirúrgico del distrito
Centro sirve para que un fotógrafo te retrate con vida por última
vez. Los doctores Villa y Rodríguez Ortega, y otros tres
espectadores, comparten esta amarga lección de anatomía. Todos te
rodean. Nadie mira a la cámara. No hay de qué sonreír. Te vas
apagando en posición yacente mientras te sujetan la cabeza. Cuatro
personas miran el orificio de la espalda. La otra, con bata blanca
salpicada de rojo, aparta su vista hacia abajo, fuera de campo, como
intuyendo tu final. Un cristo crucificado preside agónicamente la
sala. Tu rictus lo imita y se va mortificando. Eres el único que
mira a cámara: ojos entreabiertos, rostro exhausto, boca subsumida
bajo el bigote. Así
te consumes antes de que den las seis.
Tu cuñado, que te perdió con
los disparos, anda buscándote por todas las casas de socorro. No ha
ingresado ningún Emilio y eso lo ha calmado. Aún no ha leído tu
nombre en el periódico de la mañana, que narra la batalla campal de
anoche y nombra a los heridos. Aún no sabe que has muerto. Aún no
ha tenido que ir a casa de su hermana para anunciarle tu muerte, y es
así como empieza el día para Visitación y sus tres hijos.
No
pasa nada. Eso te dijo hace un rato tu cuñado. Ahora tú te enfrías
en el oscuro depósito de cadáveres sin que nadie te vele. Nadie lo
sabe, Emilio, pero tú estás muerto. Es más: a casi nadie le
importa. Y mientras tu cuerpo se va enfriando, Hamelín ya está
haciendo sonar la flauta para que todo Madrid conozca lo sucedido. La
represión sangrienta. El enésimo abuso al pueblo. Un pobre obrero
asesinado. Hamelín toca, Hamelín no para de tocar. Para que la
rabia crezca. Para que la marabunta engrose. Para que su flauta
arrastre al Ulises colectivo en esta Odisea de una jornada.
Va
a empezar el martes 14 de abril de 1931. En los conventos ya preparan
el Libro del Apocalipsis para leerlo este domingo. Cada hora de la
liturgia anunciará el fin del mundo. Reyes, tronos, fuego, azufre,
bestias, esclavos, muertos. Eso ocurre hoy: un mundo se extingue, una
dinastía agoniza, unas vidas se apagan. La tuya, Emilio, es la
primera. Descansa en paz.
Ya
cabalgan los jinetes por la gran Babilonia. El día va a comenzar.
Las
sombras se adelantan al amanecer. Se levantan de la cama, salen de
casa, doblan esquinas, llaman a puertas, vagan en la oscuridad. Sólo
son sombras. Todo empieza así.
Bajo
los soportales ennegrecidos de la plaza Alfonso XIII, un grupo de
hombres se arremolina inquieto. Hace dos días fueron elegidos
concejales de Éibar en las elecciones municipales que han sacudido
el país. Hoy han sido convocados, de madrugada, a la casa
consistorial. No saben qué va a pasar. Casi todo empieza así.
Las
sombras han ido atrayendo a más sombras, gatos en el misterio de la
madrugada. La negrura desdibuja el perfil de los montes que hunden a
la ciudad en este valle angosto, como un canasto verde y foliáceo
mecido por el húmedo rumor del río Ego. Las sombras se multiplican.
Uno a uno, los concejales suben las escaleras y toman asiento en el
salón de plenos. Alejandro, Domingo, Juan, Eulogio, Martín, José
María, José, dos Florentinos, Gregorio, Félix, Esteban, Cándido,
Marcelino, Mateo, Miguel, dos Jacintos. Joaquín acudirá después.
Son las seis de la mañana. La sesión ha comenzado.
Francisco Sacristán Romero |
No hay comentarios:
Publicar un comentario