martes, 9 de octubre de 2018

No hay rosa sin espinas......Ur Olivero*

Tercer Premio (ex aequo) del III Concurso Litteratura de Relato

Para Sándor, el tesoro de UR

Foto: www.footage.framepool.com
No fue muy bien en el Motel Manuela. Ella esperó una cosa y se tropezó con otra, y a mí me pasó un poco de lo mismo. Todo iba bien hasta que me dijo que me pusiera esa cosa, que andan muchas enfermedades por ahí, que si tal o Pascual. La entendí pero le dije que nones. 
Nos trajeron otra botella de vino y fue ahí donde me contó la historia de su hermana. No la voy a repetir porque no es necesario.
Fue al otro día en El Pontífice, el restaurante del barrio. Muy cerca pasa el río y nos nimbaba un aroma de peces y de mangles y uvas caletas y de hierro enterrado en el fondo, y algo así como un sabor de óxido rojo a la orilla de cualquier mar que nos reverbera por dentro.
No sé, Verónica encubre algo detrás de sus palabras que muchas veces no consigo atrapar. No es cómo dice las cosas ni lo que dice, es un no sé qué y flota alrededor de según qué silencios suyos que no me dejan acercarme, como si muy cerca hubiera un campo de trigo sembrado de minas y ella pasara y no sucedía nada, y yo mirándola desde la orilla sin atreverme a cruzar.
No tiene hijos y no sabe si quiere. Y que ya se le está pasando la edad y que se quiere ir del país, donde sea, pero que allá no espera morir porque allá ya no le queda nada y tiene temor de pasar una vejez tan sola en esa isla. Supone que en otro país no le sucederá porque siempre será la extranjera, ¿hay algo ahí del complejo de inferioridad que les hacen sentir a los nativos desde hace mucho? Ella piensa que fuera se sentirá mejor.
Eso me lo dijo pero no me habló de otros viajes que le fluían por dentro. No, no ha leído al grande de Sándor Márai. Le dije que le cambiará un trozo la vida cuando entre y conozca sus territorios.
No sé si alguna vez seremos amigos, lo que sí sé, si algo puede certificarse con tanta certeza, es que la entendí cuando me pidió que usara esa cosa. Y no era por el miedo a ninguna enfermedad ni por peligrar su salud. Quizás temió que a los pocos días ya no fuera ella sola y las ataduras de envejecer allá la perturbaran.
En la última postal que su hermana le mandó de Oakland, California, está vestida de blanco, sentada en un bote a la orilla de un lago. Al lado tiene un perrito, y dice ahí en la postal que se llama Colmillo Blanco el perrito y que lo adoptó en una perrera del Condado. Grande novela esa del bueno de Jack. Otro talón de hierro para estos tiempos de hogaño tan confusos y de pobre misericordia.
Al guardar la postal en su cartera, Verónica tiene los ojos acuosos, que no es nada, que está bien. Su hermana murió hace dos años. 
"Estoy en uno de esos días, ya sabes."
Y su voz en ese momento me dijo otra cosa, porque me lo tradujo su corazón y la forma en que tomó la copa de vino y la devolvió a la mesa. Había ese algo sereno que según dicen se huele en los monasterios de otros tiempos cuando el invierno todavía está lejos de morir.



Ur Olivero
* Nació en 1967 en un pueblecito llamado Nicaro (Cuba). Después de pasar más de veinte años en Barcelona y una temporada en Buenos Aires, actualmente vive en Mayarí (Cuba). Ávido lector, corrector de textos, guionista de cortos, poeta, crítico y escritor, fue finalista del Certamen Literario El Fungible con el relato Un brindis por el flaco Baldrago (1998). Ha publicado las novelas Vigilia del cazador (RBA Editores, 2002) y Vigilia en Buenos Aires (Editorial Final Abierto, 2017). Colaborador habitual de Litteratura, actualmente está trabajando en su próxima obra, titulada Vigilia del ángel"Olivero maneja con maestría los registros coloquiales, y [...] las voces empleadas, entre las que destacan las encendidas ráfagas faulknerianas en que se eleva ocasionalmente el tono" (Ignacio Echevarría, Babelia). Tercer Premio (ex aequo) del III Concurso Litteratura de Relato.

3 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Un gusto disfrutar de tantas imágenes que entran en mi mente al leer este relato. Un tiempo corto de lectura para andar entre tantos espacios sugeridos. Poco he leido de Ur y rápido, pero una huella de humanidad queda sentida. !Felicidades por este reconocimiento! !Qué para más realización sea!

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