sábado, 27 de julio de 2019

El tiempo a tu favor......Mayra Jhoana Castillo Ureta*

Finalista del III Concurso Litteratura de Relato


Foto: www.Photos.com
Lo vio salir de casa a la hora de siempre, con el maletín de siempre, tan atractivo como siempre. Sus ojos parecían mirar a todas partes, pero nunca se fijaban en ella. Se acomodaba el ondulado cabello con los dedos mientras miraba la hora en su reloj y bebía un sorbo de café, finalmente extendía la mano, tomaba un taxi y se perdía en las autopistas de la inmensa ciudad.
         A ella parecía no importarle tener que recorrer más de treinta kilómetros con tal de verlo, sorteaba audazmente el tráfico, el ajetreo, las personas y los incómodos ladridos caninos, volaba entre las nubes, no le importaba nada si con eso conseguía tan sólo un minuto para admirarlo.
         Luego de su travesía, se detenía en el mismo paradero, justo a tiempo para verlo descender del taxi, el caballero pagaba, se despedía con cordialidad y seguía su camino hasta su lugar de trabajo. Ella iba detrás de él.


La primera vez que lo vio, lucía un traje formal, tenía una reunión importante en la empresa, lo supo porque no dejaba de mirar el reloj y acomodarse la corbata, ganas no le faltaban de decirle que se veía perfecto tal y como estaba, pero no conseguía el valor suficiente para acercársele.
         Lo veía sentarse en los asientos del pasadizo, pero no se quedaba ahí más de cinco minutos, pues, como si tuviera un reloj interno, se levantaba de su lugar antes de que el segundero llegara a su destino, luego iba a la desolada cafetería, pedía cualquier bebida con cafeína y se acomodaba en las llamativas mesas con asientos para dos.
         Bebía su café lentamente pero con ansiedad, mientras miraba el moderno interior del edificio como si se tratara de un niño en su nueva escuela, ella lo observaba a lo lejos, preguntándose si era el momento adecuado para hablarle. De repente, su teléfono sonó y desde el otro lado una voz alcanzó a susurrar: “Vamos, acércate, hoy tienes el tiempo a tu favor”. Colgó avergonzada, con la esperanza de que él no la hubiera atrapado viéndolo, pero ahora el que la miraba era él. Hizo una divertida y encantadora mueca mientras la invitaba a sentarse, ella caminó en dirección a su mesa casi por instinto, sin darse cuenta de lo que hacía ni cuestionar sus movimientos.
         Él la recibió amablemente y después de preguntarle qué hacía tan sola, se ofreció a invitarla a un café. Luego de unos minutos, se creó un ambiente de confianza suficiente para que le contara que aún faltaba un par de horas para su reunión y que algo de compañía no le vendría mal. Finalmente la conversación terminó con él dándole su número y perdiéndose entre los demás hombres de saco y corbata. Desde ese día, sus ojos no miraron a ningún otro lado más que a él.


El hombre subía en el ascensor y caminaba hacia su oficina, no sin antes haber saludado con una sonrisa a su secretaria, ella le seguía los pasos y repetía sus acciones sin obtener respuesta alguna.
        Ella buscaba su lugar en los demás escritorios, pero todos se veían ocupados, así que, sin darle demasiada importancia, siguió su camino detrás de él.
         Él se sentó y dio un profundo suspiro, miró su reloj, terminó el café, prendió la computadora y empezó el trabajo, ella se encontraba a pocos metros de ahí y lo miraba con atención. De repente, su teléfono sonó, ella no sabía de quién se trataba, pero sin duda aquella voz que se dejaba escuchar desde el otro lado había provocado un cambio en su semblante.
         Ella se puso de pie y se acercó a saludarlo, como de costumbre, con un beso en la mejilla, pero en el intento hizo caer un portalapiceros, él se quedó atónito, observando los bolígrafos regados en el suelo para luego recogerlos con cautela y salir de su oficina sin notarla.
         Volvió luego de varios minutos, su expresión lucía más alegre y relajada, detrás de él se dejaba ver una carismática señorita, ambos compañeros pasaron de largo, se sentaron juntos y ella tuvo que hacerse a un lado.
         Cuando fueron las cinco de la tarde, tuvo que conformarse con verlos tomar un café (exactamente como lo había hecho con ella meses atrás) y salir juntos del edificio. Se subieron a un taxi y, como siempre, ella llegó antes, él pagó mientras su compañera descendía del auto y una lágrima intangible se deslizaba por el rostro de ella.
         La pareja ingresó a la casa y ella, experimentando una mezcla de rabia y abatimiento, decidió entrar detrás de ellos. Él la ayudó a quitarse el abrigo, mientras Rex, el bulldog del anfitrión, recibía con ladridos a quien aún se hallaba en el umbral de la puerta, observando la triste escena.
         ¿Qué le sucede? preguntó la nueva compañera.
         No lo sé, últimamente ladra mucho a la puerta…
         Ella fijó su atención en el espejo y pudo observar el horror del vacío, él caminó cerca de ella sin siquiera percibirla; en aquel instante, ella contempló con una extraña sensación de satisfacción, felicidad o quizá consuelo, que el reflejo de su eterno amor se desvanecía poco a poco.
        Ya las lágrimas se habían secado, así que se acercó lentamente a él y pronunció unas palabras inaudibles: “Hoy tienes el tiempo a tu favor…”. Luego salió de aquella casa y el perro dejó de ladrar.


* Nació en Lima en 2001 y se describe como constante, entusiasta, optimista y sentimental. Desde hace años, se interesa por la literatura y, tras largos meses de mucho trabajo, logró el tercer lugar en el concurso de relatos infantiles Cuentos para niños, cuentos de niños de la Asociación Internacional Mensajeros de la Paz (2015). Ganó el I Concurso Metropolitano de Cuentos Cuenta Lima (Municipalidad de Lima, 2016) en la categoría infantil, ha obtenido menciones honrosas en el Certamen Literario Internacional Hacia Ítaca (Argentina, 2017) y en el I Concurso de Cuentos-Colegios USIL, y un reconocimiento por su participación en la revista literaria La sirena varada (México). Nos cuenta que espera presentarse a más concursos de este nivel y ampliar sus conocimientos literarios, y desde aquí queremos animarla a que lo haga. Finalista del III Concurso Litteratura de Relato con 17 años.

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