sábado, 24 de enero de 2026

Muerte en pandemia......Gustavo Acosta Vinasco

¡La familia de Litteratura estamos de enhorabuena! La Alcaldía de Pereira (Colombia) acaba de publicar La leche al sol”, el nuevo libro de poemas de Gustavo Acosta Vinasco, narrador, poeta, guionista, filósofo, editor y periodista, además de buen amigo, colaborador habitual de nuestro blog y Presidente del Jurado del V Concurso Internacional “Litteratura” de Poesía; una obra que obtuvo el prestigiosoPremio Colección de Escritores Pereiranos/as 2024. El poemario está disponible en las mejores librerías colombianas, y también se puede conseguir a través de Instagram: @libreria.savia. Con permiso del autor, y a modo de aperitivo, hoy os ofrecemos en exclusiva para l@s lector@s de Litteratura uno de los poemas más impactantes del libro.

Para Henry Mejía y Giovanni Gómez

Foto: Luna llena rosa de abril sobre México (www.telefuturo.com.py)
1

Que el terror no nos prive de bañarnos con el rosa de 
la luna, 
ni de saborear la acidez de la lluvia
o de un paseo furtivo bajo los falsos carboneros de 
Ni de soñar con el rostro que contemplamos 
–distantes– por centésimas de segundo, 
lo justo para averiguar si una pupila aún se dilata por 
nosotros. 


                                                           2

Su propia sangre le selló la mordida,
los ojos abiertos ya habían perdido la virtud de mirar,
pero él no lo sabía.


                                                           3

Cómo me hubieran complacido las dulces lágrimas de mis amigos,
tan hermanas de sus risas,
en este tránsito insólito, insolícito.
No me ha matado la peste, sino mis males antiguos… y mayores…
Pero la ausencia de mis amigos, confinados como soldados
a la espera de acción,
                                 confinadas nuestras alegrías compartidas,
esta ausencia sí me remató.


                                                           4

No me abstengo de revistar los cipreses de El Porvenir.
Un pálpito inusitado me asalta como un ladrón de alegrías
si quiero desear querer poder llegar a La Avenida.
La autoridad está en mí; también la inobediencia.


                                                           5

Este no es un domingo de café
ni de inquietudes que no sepan esperar.

Incluso el bus articulado respeta el derecho al silencio
cuando los conductores temen adentrarse
hacia el túnel sonoro de la filarmónica de chicharras
                                                                              de la Treintaidós con Séptima.

Pasajeros de mascarilla no saben qué está pasando.



                                                           6

                                            Ventana indiscreta

Porque necesito respirar…
y es que amo los solares…

allí, cuelgan a secar la ropa en un palo recostado del muro vecino.
En aquel balcón, la india motila a su marido,
se ven divinos contra el naranja del ocaso.

Espero a que sean las ocho para sacar mis palmas batientes,
loor a médicas y enfermeras,
con más razón si visitaron mi lecho.

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