miércoles, 26 de marzo de 2025

Garras en el lodo......Luis Antonio Sánchez Alonso*

Finalista del V Concurso Internacional Litteratura de Relato 

El tiempo sin pianos y sin voces empezaba. En la cocina los criados

                velaban al silencio con silencio.

ELENA GARRO, Los recuerdos del porvenir

Foto: Bastetamn, Ojos demoniacos (www.istockphoto.com)

En la noche el silencio es un artificio. Tras la penumbra del estruendo sucede un pleamar de minúsculas melodías. No es gratuito que el silencio nos sea vedado, que sea una búsqueda constante. No hay nada más silencioso que la muerte. Sin relación directa con la oscuridad, es ella quien nos acerca más al silencio. La oscuridad puede ser una con el silencio si de por medio está la ráfaga del puñal dentro de un pecho, o la luminosidad perpetua de un zarpazo en plena selva. Eso lo comprendí aquel día.

La noche calló de a poco con su murmullo de insectos y roedores. La luna goteaba desde lo alto y las puntas de un río comenzaban sus largas pláticas oscuras. La cerilla susurró antes de encender mi cigarro y también crepitó el primer jalón de tabaco. Mastiqué su aroma, y escuché cómo se quemaba su sábana de arroz. Los insectos cantaban plenos y frescos, como la brisa que hace silbar quedo a los matorrales.
Se abrió el portón de mi casa, lo reconocí porque es de madera pesada y se retuerce cuando se mueve. Los pasos de quien me visitaba eran callados; pero no alcanzaban el silencio. El silencio nos está vedado. Crujieron ramas, el frío me alcanzó la espalda y un temblor repentino me enderezó: era una gallina que había salido a buscar algunas lombrices, escarbando la tierra con sus garras, aprovechando que los polluelos estaban dormidos. Volvieron a crujir las ramas, crujían por todos lados. Mi cigarro poco a poco callaba. La luna estaba en todo su jugo, de tan blanca que parecía hundirse en ella misma. La respiración del que me observaba sonaba acelerada.
Un macizo árbol de aguacate le dificultaba acertar su tiro.
Qué quieres –le pregunté sin voltearme. Escuché que retrocedió, uno, dos pasos, probablemente.
Era el hijo. Quería venganza, pero aún tenía dudas, sus pasos no eran firmes. “¡Qué suerte!” Dije pa’ mí mismo: “Debe ser el hijo”.
Era lo que es, muchacho, no había diotra, había que ajusticiarlo.
Mi cigarro estaba por acabarse. Escuché sus labios abriéndose poco y aquellas garras en el lodo bajo la canaleta donde escurría el agua. Tiré la colilla, que crepitó un instante antes de apagarse.
Ansina es esto –le dije y lo escuché tomar un buche de aire como cuando uno se resuelve a aventarse a lo helado de un río. Crujieron unas ramas secas que puse adrede lueguito del rellano y entonces, con un rayo de luz ensordecedor, le ofrecí el silencio.


* Nació en Ciudad de México y estudió Publicidad y Medios. Ha trabajado como creativo, redactor publicitario y proofreader en la agencia Demoños. Actualmente, se desempeña a tiempo completo como corrector de estilo, con diez años de experiencia. Ha realizado distintos cursos, entre los que destacan: “Microcuento”, impartido por Gerardo de la Torre en la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM); “Crítica Literaria” y “Creación Poética”, impartidos por Julián Castruita en La Casa del Lago. Escribe desde pequeño, es un lector obsesivo y apasionado de la literatura. Sus autores predilectos son Virginia Woolf, Rainer Maria Rilke, Gilberto Owen, Mircea Cărtărescu... Y nos dice que debe parar aquí porque corre el riesgo de escribir y escribir y seguir escribiendo sobre literatura. Finalista del V Concurso Internacional “Litteratura” de Relato.

2 comentarios:

  1. "La noche calló de a poco con su murmullo de insectos y roedores. La luna goteaba desde lo alto y las puntas de un río comenzaban sus largas pláticas oscuras." Guauuu. Me encantó. El relato es un instante pero las imágenes, los sentidos, todo lo que evoca es inmenso. El arte de la brevedad se encuentra en todo el relato. No cualquiera tiene este talento ni este estilo. Felicidades. :)

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