sábado, 4 de agosto de 2018

La triste historia de Cristina, la explosiva......Lauro Cruz Sánchez*

Ganador (ex aequo) del III Concurso Litteratura de Relato

Foto: Rihanna, Videoclip de Bitch Better Have My Money
¿La neta? Yo sí le dejé ir dos, tres piquetes a ese culero, ¿no, mi Lic? Los polis dicen que fueron diecinueve puñaladas, no las conté, tenía el cerebro hecho mierda, me cegué totalmente… pero ese hijo de puta no se iba a burlar de mí, ¿no, Lic? Lo que más me duele es no poder estar con mis hijos, que ‘orita los tuve que dejar con mi tía… La muerte de ese ojete, no… bien merecido se lo tenía, por puto… Dios quiera que usted me pueda ayudar, Lic, pa’ poder atenderlos… Los extraño un chingo...
Mire, Lic, aquella tarde que comprobé lo que me habían dicho mis vecinas de la unidá, que mi marido se veía con otra vieja, una pinche resbalosa que trabajaba en la tienda de Joaquinita, me quise morir, chingá. ¿Cómo iba a pensar que mi gordo, después de dieciocho años de casados, me anduviera poniendo el cuerno? ¡Y luego con quién, Lic, con esa puta! A veces pienso que lo hizo no más pa’ chingarme, porque estaba celoso del compadre Memo, pues me andaba echando los perros, pero yo, ni en cuenta… Sí, yo creo que fue por eso… porque, ¿la neta?, nosotros, como pareja, sí la hacíamos… nos llevábamos muy bien… cogíamos rico… Teníamos problemas, como todos, pero ahí la íbamos llevando, aunque yo me di cuenta que esa vieja, ya desde antes, le traía ganas a mi viejo… ¡Hija de puta!... Nomás de acordarme, al chile que me arrepiento ─que Diosito me perdone─ de no haberle encajado el cuchillo también a ella… Total, unos cuantos años más qué importa... Sí… ni pedo… se me escapó, la perra…
Aquel día ─me acuerdo que era viernes─ los fui a espiar al lugar donde me dijeron que se encontraban, en un café de chinos, atrás del metro Lagunilla… Me asomé por las paredes de cristal y sí… allí estaban… muy sonrientes y quitados de la pena… Pinche Fernando, mi marido, se hacía el simpático… Raro en él, ¿eh?, porque tenía un carácter muy seco, algunas amigas me decían: “Parece que siempre está oliendo mierda, el güey”, y pegaban la risotada, pero conmigo se portaba a toda madre… Aunque, a últimas fechas, yo le preguntaba: ¿Qué te pasa, viejo, por qué andas tan encabronado? Pero él ni en cuenta… Nada, no me pasa nada… pedos en la chamba, me respondía el muy cabrón, y se iba a dormir sin pelarme, a veces ni cenaba.
Me dio mucho coraje nomás de verlos, Lic, tanto que lo primero que hice fue apretar muy fuerte el cuchillo que llevaba en la bolsa de mi suéter… hasta lastimarme la mano, aquí, mire… Más sin embargo en ese momento no sentí dolor… Me quedé largo rato con un cigarro en la mano, sin prenderlo, la mente ardiendo… todo por dentro me quemaba… Reaccioné al sentir que la mano me estaba sangrando, pero ya no me importó nada. Cuando vi que la pinche chingada regresaba a la mesa tal vez había ido al baño, y el pendejo de mi marido se esmeraba en acomodarle la silla, ya no supe de mí… ¡Hijo de perra! ¿De cuándo acá, tan atento? Sólo al principio que éramos novios me mostraba esas atenciones, porque lo que es ahora, ni madres… Bueno, conmigo no, como lo estaba comprobando… Yo, pasando hambres con los niños, estirando el gasto para no mortificarlo, por no ser como bultos de cemento en su espalda... A mis hijos y a mí nos conocen como los pordioseros de la unidá, Lic, recibimos favores de todos los vecinos y estoy endeudada hasta con el tortillero… ¡Para que este cabrón me saliera con una chingadera! ¡Vale verga la vida!
No supe en qué momento me abalancé sobre ellos, cuchillo en mano, no me acuerdo… aunque, sí… recuerdo que lo que más me enchiló fue la risa de los dos cuando me acerqué a la mesa… Él le decía a ella… no sé qué… algo así como “Que no se entere mi pinche vieja, mi amor”, y soltó la carcajada… Una sonrisa falsa, odiosa y infame, que pretendía ser agradable… recuerdo que sobre la mesa había una cajita con moño, los dos tenían una mano sobre la maldita caja… Se veían muy enamorados… ¡Hijo de su pinche madre, desgraciado!
Cuando la pinche vieja me sintió en la mesa, brillando el cuchillo, aventó la silla y pegó un grito, saltando hacia atrás… Apenas le hice un buen rasguño, pero sí sangró… Las siguientes cuchilladas le tocaron a mi esposo. Cuando menos sintió, ya estaba encima de él, hundiéndole el puñal en todo el cuerpo: ¡Vas a valer verga, perro desgraciado!… Me puse completamente loca, parecida a las artistas de Lo que callamos las mujeres… ¡Puta madre!
Él sólo alcanzó a gritar: ¡‘Pérate, pinche Cristina, no ma...! Ya sangraba por la espalda, me salpicaba en la cara, el suéter, toda… La culera esa intentó echarse a correr, pero la sujeté de la ropa. De un manotazo, se soltó. Ya no alcancé a herirla… Tomé la caja con moño y con ella continué golpeando en la cabeza a ese pendejo, que todavía respiraba, pero no se defendía… Cuando los meseros trataron de detenerme, los amenacé con el arma… Mis ojos lanzaban fuego; mi boca, espuma… Se echaron para atrás… aproveché para irme a la fuga.
Todavía me recuerdo en la calle, con manchas de sangre por todo mi cuerpo, empuñando el cuchillo… La gente me veía horrorizada, me evitaban, iba corriendo como loca, atravesándome entre los coches, valiéndome madres todo… Tenía prisa por llegar a mi casa.
Cuando llegó la policía, yo estaba llorando, abrazada a mis hijos, ya los había manchado de sangre también a ellos… No opuse resistencia, para no asustarlos más… Estuve dos días en la Delegación y de ahí me trajeron al reclu… y bueno… Ahora estoy en sus manos, mi Lic. Si logra sacarme, estaré agradecida toda mi cochina vida con usté… Soy capaz de pagarle hasta el hotel, si me lo pide… Pero quiero que sepa que no estoy arrepentida… Todo esto se lo cuento acá entre nos, porque declaré ante el MP que él me quiso golpear al reclamarle su infidelidad, que yo sólo me defendí.
Muchas veces se lo dije: Mira, Fer, el día que ya no quieras estar conmigo, házmelo saber, no vayas a hacerme una pendejada… Me va a doler un chingo, pero te entenderé y a ver qué hago con mis hijos. Siempre trabajé, de soltera, Lic. Él lo sabía… Tuve muchos problemas con un novio al que quise mucho y me hizo como su trapeador… Se fue pa’l otro lado, dejándome aquí, como su pendeja… Desde entonces quedé muy dañada, sin ganas de intentarlo con otro hombre, como con miedo… Mi marido lo sabía, yo nunca se lo oculté… Le pedí que no me engañara, porque ya me conozco.
Todavía recuerdo la tarde cuando nos vimos por primera vez. Yo regresaba del trabajo. Él iba a reunirse con unos amigos, pero suspendió su cita. Nos encontramos en el microbús. Fue un flechazo al instante. Se veía muy guapo… Era muy simpático… al principio… Su sonrizota en nuestra boda… Todos nuestros regalos… La luna de miel en Acapulco… Parecía un león… quería coger a cada rato… je, je. Cuando rentamos nuestra primera vivienda… La vida con nuestros hijos… Todo iba muy bien… hasta que le calentaron el pito por otro lado... Empezó a coquetear con esa desgraciada… Ya casi no me hacía caso… Yo lo justificaba, diciendo, bueno, tal vez, como me ha dicho, tiene muchos problemas en la chamba y viene fastidiado… Una nunca sabe… 
Traté de hablar con él, pero siempre me daba la vuelta… Ya platicaremos, me decía… Creo que ya andaba ilusionado… Pinches hombres, putañeros… Pero nunca me dijo nada, como se lo pedí aquel día… Si me hubiera dicho algo… Si tan sólo me lo hubiese comentado… Total, si ya no me quieren me hago a un lado, yo sé perder, lo juro… pero no… nunca me dijo nada… Se lo advertí… Ya qué… ¿O no, mi Lic?


Lauro Cruz Sánchez
Autor mexicano de 62 años que ha dedicado su vida a escribir cuentos de temática urbana. Como podéis ver, su estilo es directo y sencillo. Graduado en la desaparecida Preparatoria Popular Tacuba, en el tercer semestre abandonó sus estudios de Economía en la UNAM para dedicarse a trabajar en el ramo de las artes gráficas y la edición de libros y revistas durante 40 años. Se considera un rockero de la vieja guardia y pretende llevar su literatura a los sectores más bajos de la población. Uno de sus principales objetivos es promover el gusto por la lectura entre los más jóvenes e identificar a los lectores con los protagonistas de sus relatos. Entre su obra, destacan los libros: Pequeños cuentos para DavidCrónicas de taxistasEl culo, la mejor moneda de cambio¿Crees en el destino?, Tragedias dentro y fuera de la cancha, Y todo por el rock'n roll y Crímenes inevitablesActualmente está trabajando en Los seductores de la calle, un libro que incluirá 36 cuentos, basado en la “Canción del oro” de Víctor Manuel. Es el ganador (ex aequo) del III Concurso Litteratura de Relato.

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