lunes, 4 de junio de 2012

La última carta de Ariadna......Jordi de Miguel

Para Adri, con cariño

Foto: www.elcoleccionistadeinstantes.com

Barcelona, 02/07/03
Hola, mi vida,
         A pesar de lo sucedido, de todo lo dicho, me acerco a ti, al menos de esta forma q’ espero no te moleste. 
         El lunes dormí mucho, me desperté un par de veces por culpa del teléfono, no quería pensar, sino seguir soñando. En el sueño fui hasta Recife! (la capital de Pernambuco, donde acababan muchas de las historietas de Mortadelo y Filemón, te acordás?), vi a Cuchi, mi querida amiga, ella no estaba bien, en el sueño la descubría sola, viviendo en un sitio muy pequeño, y había perdido a su hijo. El encuentro le hacía bien, yo le regalaba una gorra tejida de colores, guatemalteca, que le había gustado mucho; la veía dispersa, cambiada.
         Lamento muchísimo haber ocasionado tanto malestar, tanto hartazgo en ti, te lo digo sin lágrimas, de verdad, con los ojos serenos. El alcohol, que tanto nos gusta a ambos, sabe llevarnos por caminos escondidos; en la vida despierta te aseguro que no siento del mismo modo tu viaje. 
         Me afectan las despedidas, te lo dije, me he vuelto muy sensible a ellas. Y esto ha transformado mis sensaciones. Me gustaría mucho, o me hubiese gustado…, compartir en el mapa tu recorrido, y que me describieras un poco los lugares por donde andarás (quién sabe qué aventuras tendrás, qué lejos estás de mí…), que me escribas en esos momentos en que tal vez pienses en mí, aunque lea a tu regreso.
         Se empieza a complicar la carta con los tiempos verbales!, ya no sé si es pasado, presente o futuro. De todos modos, espero que puedas darle a este momento mío el valor que le corresponde, y que así conozcas un poco más de mí, no sólo esa niña insoportable, demandante y “mal hablada”, jaja. Mis insultos (te juro que lamento muchísimo haberte llamado “escoria humana”, perdoname, por favor) son la resaca que aún llevo, y es horrible que la hayas conocido, lo siento mucho.
         Espero cambiar esta forma de decirte que te necesito, y si ya no vale, me has enseñado muchas cosas, aunque un poco frío, o rígido, o duro en tus determinaciones, pero te comprendo.
         Yo hoy creo que soy el duelo hecho carne; y sé que tuve mucha suerte al haberte conocido, y haber podido dormir contigo para que todo se renueve, para que los amaneceres recobren otro sentido.
         Creo que lo hablamos, yo no estaba preparada para vivir todos estos acontecimientos desde que llegué a España. Y supongo que es saludable no estar pensando en “lo peor”, viajé con el corazón abierto, con todas las expectativas de realizar grandes proyectos compartidos.
Tengo veintiocho años y emigré del Sur, de la Argentina, a los veintisiete, vine a Las Palmas de Gran Canaria siguiendo al fantasma de mis sentimientos, un chico porteño que me obligó a desdibujarme entre la multitud, a materializar mis peores miedos a base de obligaciones cotidianas. Y me encontré sin abrazos, me sentí abandonada, y lo viví muy desvalida. Me hice mucho daño.
         Un gélido crepúsculo, el crudo viento borrascoso me despertó en una playa desierta, aterida de frío, había pasado allí la noche, sola, y me descubrí llorando, mirá vos, hablando con las olas del mar, casi desconcertada.
         Hui de la isla, me perdí en el dédalo de calles angostas de esta ciudad sórdida y deslumbrante, sin hilo al que aferrarme, entre el murmullo incesante del barrio de Gràcia, los aullidos turbadores del Raval y las plumas de miles de palomas en vuelo de la plaza Catalunya, hasta que un atardecer, adormecida en otra playa más amable y cálida, de pronto me vi en medio del estruendo de las darbukas, las congas y los bongós, sitiada por bailarines y lateros, acosada por sátiros y silenos, en una batucada improvisada que prosiguió hasta la plaza Reial e iba camino de culminar en bacanal en el “Chez Popoff”. Allá, estremecida, distinguí unos ojos de felino que se clavaban en los míos y ya no pude apartar la mirada de ti, cándida e irremisiblemente hipnotizada.
         Me quedo con tu sonrisa, con tu boca llena de palabras bellas, con tus ojos iluminados, con tu casa y tu cama compartidas. (¡¿Puedo decirte que me gusta mucho hacer el amor contigo?! En el baño del “Miramelindo” —qué bonito nombre— me volviste loca. Y sabés que, desde que mi ex me dejó, no le había hecho a nadie una felación? Para mí es algo muy íntimo, y vos fuiste el primero!)
         Te juro que sólo necesitaba que me abrazaras y me dijeras que no me preocupase tanto, que estamos juntos para vivir cosas bonitas, que luego hablaríamos del viaje y que me dabas el derecho a pensarme en diferentes situaciones o posiciones respecto de ese viaje, sin verlo como un chantaje emocional. No tengo por qué chantajearte, no sé qué es eso. Creo que éste fue el primer insulto de la noche, eso es lo que recuerdo que me hizo sentir rechazo e impulsó esa actitud mía de alejarme.
         Reflexioné unos minutos y cogí un taxi de vuelta al "Karma", pensé que no valía la pena separarnos por esto, pero parece que ya era muy tarde, ya estabas enojadísimo conmigo, y comprendo tus razones, ojalá puedas comprender las mías. 
         Bueno, como advertirás, me he dado cuenta de la realidad: hace cuatro días que nos conocemos, y ya sé que vos no querés de mí nada más que seamos amigos. No me gusta la idea, pero tampoco puedo hacer nada por evitarlo. Y eso es lo peor de todo.  
         Me hubiera gustado compartir tantas cosas y tantos momentos contigo..., y ahora todo cae en el olvido, a pesar de reconocer un punto de esperanza, una llamada, o tal vez si quedásemos un día... Supongo que no es imposible que podamos estar juntos, quizás estas cosas vividas así…, si logramos respirar hondo y adoptar actitudes críticas, y ayudarnos a que esos deslices no ocurran para no hacernos mal…
         Sabés?, Freud explica en “El malestar en la cultura” que hay un sufrimiento humano inevitable (enfermedades, muertes, desastres naturales, etcétera), pero que podríamos soslayar el terrible daño que continuamente nos infligimos unos a otros en nuestras relaciones familiares, laborales, personales y afectivas. No sé, yo quiero ser feliz, el domingo dijiste, vos siempre tan sardónico, q’ eso no era nada original, que todo el mundo aspira a ser feliz, pero yo agrego: no sé si todo el mundo puede serlo.
        Ojalá esta “crisis de madurez” nos acerque, si es que conservamos el sentido del humor. Me parece bien ponernos serios, darnos tiempo, pero es importante reconocer los errores y reconstruir.
        Creo que tenías mucha razón cuando decías que “hace poco tiempo que nos conocemos”, que podemos ir despacio, aún quedan algunos viajes, me refiero al tuyo, y al mío, yo estoy necesitando volver para ver todo esto desde una perspectiva diferente. Reconozco q’ estoy un poco confundida, y también que, después de lo que pasó con Tesi, me hice muchas ilusiones al encontrar un hombre como vos.
         Q’ estés bien! Suerte!!
         Te quiero,
Ariadna
Con muchísimo amor. Se nota, no?


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