lunes, 23 de noviembre de 2020

Batallas en el gineceo cubano......Ur Olivero

        “Ufff, y hay muchas más estrategias para mantener el coto cerrado, pero fuera se conoce muy poco, ya sabes, el bloqueo y demás.” Me reí por dentro.
          Estamos en un bar de la calle Joaquín Costa. Jordi está emporrado y, con los tres o cuatro mojitos que se ha bebido, la lengua le surfea para un lado y para otro y no atina. Cualquiera que desde fuera lo cachee con los ojos, piensa que se trata de un loco al que acaban de liberar de Mazorra, y para encontrar el camino de vuelta, tiene que andar descalzo para no perderse. La naturaleza tiene esas cosas buenas que nunca podremos apresar con palabras, caminas y la sientes, y algún momento vuelves al rubor de los primeros pasos pueriles, según decía el maestro Martí en su Diario de campaña.
          Estuvo por allá por la isla y no vino muy contento, no, y aunque no me aclara del todo por qué, qué tipo de bicho le aguijoneó por allá por las fermosas tierras del conquistador, logro captar sus medias palabras y hasta sus nutritivos silencios. Ayer cenamos en su casa del paseo Maragall y no dejó ni un minuto de barrenarme la cabeza con Yuraisi, que se la trae, aunque acá en la Ciutat Condal le pegue los tarros y lo cuernee, se la trae, él sabe que acá habrán miles de ojos, invitaciones para hacerla resbalar, pero que no le importa, la traerá y después se verá.
          “Ya sabes que las apariencias dicen una cosa, pero la esencia viaja por otros lados, Jordi. Y eso de que, según ella, sea licenciada en Medicina, ufff, ahí hay tela por donde cortar. Ya sabes que un tanto por ciento bastante alto de esas personas no lo hacen por convicción ni por pasión, detrás está la posibilidad de cumplir misiones en otro país, salir de la isla como sea, ganar plata y sentirse llenos cuando se termina el mes, en su trabajo ¡qué importa que la calidad se resienta! Ganan un sueldito digno, pueden ayudar a sus familias en la isla, ponerles un dinerito a los teléfonos de allá, en fin, amic meu, ya todo eso lo sabes.”
          ¿Tan fuerte fue?... Soy de allá y sí, las batallas en el gineceo allá tienen lo suyo, y las tentaciones son tantas que se sale de una para caer en otra. ¿Si es bueno eso? No lo sé, Jordi está encantado de la vida.
          La camarera volvió con otro mojito para mi amigo y yo pedí otra cerveza sin. Desde hace tiempo, ya las bebo sin. Durante mucho tiempo me trajeron más problemas las con. 00 es mejor, uno mantiene la alerta donde se precisa y no desbarra. A Jordi no le afecta tanto como a mí.
          Preguntas, dudas, los muchos miedos, y cuando la noche ronda demasiado cerca, ya la gente no puede decir ni sentirse viva, ser dueña de su destino. Cuando no es una cosa es otra, pero siempre culpan al bloqueo de los Estados Unidos. Ya unos cuantos estamos cansados de ese discurso. Hay otros, lo que no hay es posibilidad para airearlos porque la prensa es única, unidireccional, monocorde como en los tiempos del gran Stalin, el hombre de acero. Poco después se lo llevaron del mausoleo, lejos del gran Volodia del ¿Qué hacer?, para que no se confundieran las peras con las uvas. El profe Jordi sabe mucho de esas cosas, y todas las chicas de la Facultad de plaza Universitat viven humedeciéndose con él cuando lo escuchan. 
         Está lleno el Almirall y, en la segunda parte, detrás de la mampara que lo divide, veo que dos muchachos están montando unos equipos, micrófonos, guitarras, algún cable que conectan a un enchufe de la barra de la entrada, en fin.
          Algo de flamenco, me parece. Nos vamos en un momento al Marsella, porque a Jordi tienen que devolverle un dinero y yo he de hablar un ratico con mi amigo Bernat. Se dejó de Neus y necesita conversar, Mejor, le dije, hay que evitar las pastillas y los libros de autoayuda. Hay demasiados, y aunque muchos y muchas se asfixien con evasiones hueras, hacia el sofisticado exterior, pues no podemos hacer nada si teniendo la posibilidad de comer buenos alimentos, prefieren la bazofia; aumentar el número de esclavos pasivos les conviene a unos pocos y, por desgracia, ocurre así en muchos lugares.

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