sábado, 14 de octubre de 2017

Mejor con pelos......Ur Olivero

Foto: Morgan Mikenas en Instagram
Me la encontré frente al Liceo. Estaba preciosa, arrebatadora. Con ese cuello tremendamente humano y al mismo tiempo bestia, animal, cuello de gacela, cuello para caer rendido y violentarlo una y mil veces, claro que sí.
          "¿Qué tal?"
          "Yo bien, ¿y tú?"
       "Ahí, currando en un bar del Gótico. Salgo hecha polvo de trabajar, pero voy tirando."
          "¿Nos tomamos algo?"
          Se miró el reló y de sus labios escapó ese 
          "No sé... Tengo que descansar hoy..."
         Ese “No sé” desvaído cuando se tiene poco que decir y muchas ganas, cuando se tiene hambre, y por dentro la sangre pulsa, agrede, se manifiesta como se manifestó cuando aquel homínido de antaño se lanzó voraz sobre la moza tumbada boca arriba dentro de la caverna, y ella lo esperó para espantar con sus gritos a los bisontes de la pradera, como aquel que dice.
          "Anda, mujer, hace tiempo que no nos vemos."
          "Bueno, pero sólo una. Tengo que descansar, que mañana es finde y curro mogollón."
          "No te preocupes."
          El caso es que la última vez ella no se había depilado y la cosa quedó que cuando nos volviéramos a encontrar, pues que nos íbamos a la cama como fuera. Le dije una y mil veces que eso no me detenía, y ella que le sabía mal, que se sentiría sucia, que si esto, que si aquello y lo de más allá, pero sus ojos decían "Tengo hambre, Lléname, Sáciame..." Todo eso fue lo que vi aquel día.
          Nos fuimos a un bar de la Plaza del Pi, donde trabaja mi amigo Luis, del Perú. Es un bar un poco tristón, pero la parte cálida del asunto la ponen mi amigo Luis y Diego, su compañero, y cuando no es Diego ni Luis está el muchachote ese de Senegal, ahora se me fue su nombre de la cabeza. En fin... que birras van y birras vienen, buena música, y en eso que me acuerdo y la tanteo. Ella comenta que va un momento al lavabo y Luis me mira como diciéndome
          "Ésta ya cayó. Ya es tuya".
          Llega del lavabo y pide un chupito de tequila, que para entonarse, me dice. Yo no acabo de caer, pero al momento añade:
          "Bueno, hoy no estoy bien porque..."
          "No me importa", me le adelanté.
          "¿En serio que no?"
       "Pues no. Además, eso me excita muchísimo, y hasta creo que tanta modernidad termina por matar ciertos instintos y plastificarlo todo."
          "Eres un caso, chico. Vamos, anda, antes de que me arrepienta."
          Y nos fuimos para su hermoso ático, y desde allí nos entró la luna por la ventana y me sentí el más feliz de los cazadores cazados.

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