sábado, 16 de septiembre de 2017

Graduación de sexto curso......Ur Olivero

A mi amiga Gemma Márquez, cerca del río

Foto: Archivo personal del autor
Ahí está mi buen amigo Ubo en su graduación de sexto curso. Se le ve feliz recibiendo su diploma de manos del maestro Canito, su profesor de matemáticas. En aquellos años era un diablillo, me dice, con una sonrisa brotándole pícara.
          "¿Sabes?, cerca de casa pasaba un río y los fines de semana nos juntábamos unos cuantos para tejer y destejer montañas de travesuras en el río, ahí mismito al lado del puente, a un tiro de piedra de la casa del maestro Danilo, el de Historia, el que ves detrás. Mamá decía que cualquier día se levantaba con el moño torcido y me mandaba con papá. Yo quería que me mandara con papá, porque con papá sería más libre de hacer lo que me diera la gana. Y así podía estar todo el tiempo con mis primos... En la playa de El Tiburón, por allá por Caval, y de cuando en cuando tratando de llegar a El Cayito a nado, el miedo era que por el camino nos sorprendiera un tiburón y no llegáramos, y no lo contáramos de vuelta."
          "¿Y el otro?"
          "Ah, el otro es el maestro Abel, el de Física, si mal no recuerdo."
          "¿Los viste cuando fuiste?"
          "A Canito sí, a los otros no porque se habían mudado y ahora viven en la provincia."
          Mi amigo Ubo quiere volver, pero no está seguro que de irse no le puedan complicar allí la vida. Los militares. Que los militares tienen demasiado poder allí, dice. Lleva mucho tiempo fuera y ahora es el extranjero, el enemigo que se ha contaminado de las ideas y las materialidades del capitalismo, para mi amigo excesivas materialidades.
          "¿Ves a la gente? No toda la gente, claro, pero una gran mayoría. Algo dicen en sus expresiones y en su modo de mirar que están tristes. Y al mismo tiempo te dicen que no saben qué hacer, se les oye el grito, pero ellos no pueden escucharse a sí mismos porque los muchos ruidos de fuera y de dentro no les dejan escucharse, pero se sienten perdidos y lo saben, aunque no sepan bien bien de dónde les viene esa pérdida. Yo creo que les falta tener un río cerca, eso ayuda."
          "¿Te volverías?"
          "Creo que sí."
          "¿Para siempre?"
          "Creo que sí."
          "..."
          "Un río cerca es importante. Las ideas fluyen de otro modo, no se vuelven pantanos, no se convierten esos pantanos en tus enemigos. Un río ayuda a sosegarte, parece que no pero sí."
          "¿Estás decepcionado de lo que te encontraste en Europa?"
          "No, esa no es la palabra, por lo menos no para mí. Creo que me siento traicionado, y tampoco sé bien si es esa la palabra..."
         ""
         "Cuadricular, uniformar, homogeneizar; he ahí la cuestión. ¿Y los más? Carne de cañón, presas fáciles para los que pueden (por su dinero y por sus influencias) suprimir o añadir, elevar o hacer descender, premiar o castigar. Ahí queda. Y yo que creí que en Europa... la cultura, las aperturas mentales y todo eso. Mentira. Todo mentira."
          ""
          "Tengo ganas de volver y quedarme un tiempo largo por allá."
          Mi amigo Ubo vino a Barcelona hace muchos años. Y le encantan los libros, sobre todo la novela del XlX, aquellas historias que competían con la realidad y la superaban, y volvían esa realidad menos miserable; son sus palabras. Le dije que no se impacientara, que al final todos los ríos llegan, de un color o de otro, de una corriente o de otra, pero un día llegan. Y se sonríe, como en la foto, como diciéndome
         "Bueno, me sentaré a esperar".

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