jueves, 22 de diciembre de 2016

Pan, tierra y libertad......Raúl Muñoz González

Foto: Guardia civil con fusiles como los del tiroteo de Nava (www.diariodeleon)
Que de dónde vengo, me preguntas.
¿Acaso no ves mis manos rajadas
por el arado, y los pájaros inmóviles
en la mirada de una sublevación?

Hablaré de una amanecida anochecida
entre tricornios y caballos blancos,
entre pistolas lunares acorralada;
llevaré el hambre a los pies descalzos
y el frío entrará como luz en tus ojos;
serán mis huesos motivo y razón
de las espigas acariciadas por hoces
que desafiaron alambradas y leyes.

Sabrás qué dice la simiente abortada
por el sucio silencio de los escaños
que llevaron la toga de la muerte.

Vi huesos remontando barbechos,
abrazándose a hombres y mujeres
helados por el frío, por la violencia
golpeados con saña innombrable.
No tenía nombre la blanca ternura
que sostenía en brazos a su hijo.
Tampoco son pensables las manos
acariciando la semilla de la tierra,
ahora en vientres adormecida.

Escuché a dios llorando en el olivo,
impotente por no poder hacer nada;
y las balas me rozaron las mejillas
cuando cayeron hombres inocentes.

Supe entonces del trabajo áspero,
del frío silencioso que amarra
la esperanza del hambre al cielo.

Vi doblegarse a los olivos,
mostrando agradecimiento.

Pero también vi los dientes de la muerte
luchando a capa y espada con los fusiles.
Me perdí en un laberinto de gritos negros;
como en una noche interminable,
corrieron los legionarios de la muerte
para detener a los jornaleros.

Llevaban el plomo retorcido en sus labios
y en sus brazos las columnas del miedo;
ardía el cuarzo en sus ojos, infinitos
en su sed de sangre.

Quedan restos de amanecida en mis cabellos,
tan fríos y blancos como los cortijos,
como la nieve estirada en la cumbre.

Están cansadas mis manos de hundirse en los rostros
y apaciguar techumbres del hambre y la humillación;

es por eso que se sublevan las madres, llevando a sus hijos
más allá de las alambradas que muerden con saña la tierra
y se clavan, como una aurora de puñales, en los corazones
de hombres y mujeres alzados entre bancos de niebla.

Estoy aquí, otra vez vivo por cada agujero de bala:

sólo son luz, luz vertebrando el fuego de mi alma.

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