lunes, 25 de abril de 2016

Salvador......Raúl Muñoz González*

Finalista del IConcurso Litteratura de Poesía


Foto: Salvador DalíEl gran masturbador

Ti... ti... tiri... tan, 
en las yemas de mi lengua 
las tripas de tu madre, Salvador. 

Son sus heces claros pececillos
escurriéndose en la clara de mi boca. 

Déjame inflar el globo granate, 
no temas por la menstruación. 
No me hagas sentir culpable, otra vez no, 
no me ofrezcas tus tiernas manos infantiles
llenas de saltamontes. 

La mujer gorda y fea de la esquina 
está cociendo en su caldero ojos de buey, 
se parece, sí, Salvador, se parece a tu madre. 

Y dime, ¿qué culpa tiene la leche 
que cada mañana se pega a los ojos 
y besa las bocas sin miedo, 
mordiendo las larvas celestes? 
La lástima, recuérdalo Salvador, 
es la excusa de los insectos 
que devoran las heces moradas. 

Ya sabes que también creció 
en el vientre de tu madre 
el hormiguero del silencio. 

¿Recuerdas a aquellos elefantes 
que se paseaban con muletas, 
fingiendo estar tristes? 
Entonces no me dieron lástima, 
pero ahora que mastico tus ojos de niño, 
recuerdo a la mujer que se amputó el pecho 
por no darte de mamar. 
¡Qué cruel, Salvador, qué cruel! 

Pero no, por lo que más quieras, 
no vuelvas a hablarme de la comedia 
de aquellos hombres 
que osaron orinar en fila horizontal, 
rociando con su metralla al pobre Federico: 
aquel risueño jilguero 
que tantas mañanas te cantó al oído. 

No, Salvador, no te equivocabas, 
el mundo es un gran espejo giratorio 
y es difícil reconocer un seno mutilado
llorando en unas manos infantiles. 

Sólo nos puede salvar la farsa de los insectos 
que buscan la leche en los ojos y las bocas; 
los vientres y las salivas; e incluso, Salvador, 
en las heces y la orina. 

¿Muerte me dices, Salvador, muerte? 
No, comedia, sólo comedia, recuérdalo, 
acuérdate de Gala. 
¿Puedes escuchar aún el ruido de su vagina 
masticando a los indefensos saltamontes, 
orinando la leche, aquella adorable consternación 
que te devolvió a la vida? 

Ahora bésame, estruja tus huevos 
en el hormiguero de la infancia, 
allí donde aún susurra el fusilado jilguero. 

Yo te prometo que volverás a nacer, 
y Gala será tu madre, y tú su hijo: 
la dulce leche que descansa 
sobre un lecho de saltamontes. 

Las muletas me han dicho 
que tirita el silencio del vientre, 
esperando a que Salvador 
dibuje los senos de los cisnes, 
derramando su blanco vuelo 
sobre las playas de Cadaqués.



Raúl Muñoz González
* Nació en Barcelona en 1976. Poeta y escritor aficionado, se dedica a la literatura de manera más asidua desde hace dos años. Ha publicado algunos microrrelatos en la revista La Esfera Cultural, un poema en la revista Acantilados de papel, y una obra de teatro, Nubes esponjosas, en la editorial Ñaque. Lo puedes seguir en su blog: www. mequedalapalabrablog.wordpress.com, y habitualmente también en el foro de poesía alaire. Finalista del II Concurso Litteratura de Poesía.

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