sábado, 9 de enero de 2016

Fuera de sí......Gustavo D. Gutiérrez*

Tercer Premio del IConcurso Litteratura de Relato

Será mejor que me ate los cordones de los zapatos, al hacerlo adopta una postura un tanto incómoda, se despoja del alimento y las guías telefónicas, siente un ligero dolor en el muslo izquierdo, deben ser mis llaves, decide liberarse de ellas; de esta manera, inclina el cuerpo hacia su derecha e introduce la zurda en el bolsillo. La influencia de los dedos en los metales produce un sonido de revolución, un eco inquietante. Después de atar a cada zapato tres sólidos nudos, piensa que nada ha cambiado. Reposa las manos en el suelo y se brinda un leve impulso, una vez incorporado entra en su habitación y cierra la puerta con una violencia excesiva. ¡Qué idiota suelo ser a veces!, ¡y qué desordenado!, y también es olvidadizo, pues cae en la cuenta de que no tiene las llaves, debí haberlas dejado cuando me até los cordones de los zapatos, y ahora también recuerda que la puerta de su habitación, como todas, se abre y se cierra, pero como ninguna, sólo abre y cierra por fuera.

Lucía un traje gris, pero ¡qué bien le sentaba! No lo creo, a ese hombre no le sentaba bien nada. Yo le decía que era bastante agraciado. Tenía el aspecto de un salvaje, ¿te gustan los salvajes? No generalices, no siempre era así, era tierno, un día hasta hablamos de literatura. ¿Y…? Tenía algo noble dentro, algo puro, qué sé yo. Mi hermano me contó que él mató al perro, y todo porque se cagaba en la puerta de su casa. No me consta. El pobre animal estaba hecho jirones, yo lo vi. Yo no. Te perdiste el espectáculo, nadie quería recoger al cachorro de la pista, se deshacía con la mirada. No exageres. ¡Estaba adherido al pavimento!, vinieron los del cuartel y lo sacaron, algunos pedazos quedaron afirmados, y la sangre, ¡caray, cuánta sangre! Hay momentos en que nos desconocemos y somos distintos, y además el tema del perro no quedó del todo aclarado... Además eso, era un cobarde que no aceptaba sus delitos, ¿cómo puedes excusarle?, ¿dónde encuentras un alma pura dentro de esa bestia?

Recuerda a su mujer, ¡ah, maldita sea! Se acuerda de su madre, ¡cuánta falta me haces! Ha viajado de un país a otro, dejándolo todo atrás: lengua, costumbres, trabajo y familia, si a eso se lo puede considerar todo, podríamos decir que era un tipo que no gastaba el tiempo en bagatelas. Ha conseguido un nuevo empleo en el lugar más insólito del mundo, ¡trabajo para un loco de mierda! Su empleador le ha dicho que asee el refugio antiatómico. Su jefe es un tipo bonachón que acaba de morir, él sabía que estaba agonizando en el hospital, lo hubiese dejado todo, me hubiera marchado con el dinero si sé que va a morir, ¡maldita sea!
         Las paredes tienen cuarenta centímetros de espesor, no puede salir. La puerta está hecha de un hierro insondable, la habitación ha sido construida debajo de una estación ferroviaria a unos diez metros de profundidad, no se vislumbra forma alguna de escapatoria, ¡y vamos, nadie me vendrá a buscar porque a nadie conozco! 

Yo creo que nunca encontró la manera de cambiar, siempre le fallaba algo, es decir, en el momento menos esperado… Le fallaba la cabeza, ese tipo era un demente. A lo mejor, o sólo una voz que se escondía tras una máscara, mira, él venía al local y hablábamos, era otra persona. A estas alturas y todavía no sabes cuándo estás enamorada. No, no era eso… yo veía a un tipo lleno de bondad y muy solitario. ¿Lástima? No sé.

Así, al cabo de unos días no tiene ya nada de comer, los fantasmas de las guías telefónicas, tomadas de los anaqueles, no adquieren carácter de existencia, no son buena compañía. Colgado en la pared, el cordero de Zurbarán atiza el odio al ser humano. Se siente violento y, al rato, la bombilla generadora de luz palidece y muere. 

¡Claro que lo sé!… pero nada comprobado, ¿qué y si son sólo habladurías? Es tapar el sol con un dedo. Su mujer está loca, no creo que sea un asidero adonde agarrarse. No es sólo su mujer, mira alrededor y cualquiera que lo conozca podrá dar fe de lo que dice la gente. Te dejas llevar por las impresiones de los demás. Está bien, su mujer está loca, él la volvió loca. Nunca lo apoyó, siempre lo miraba de lejos. ¿Qué esperabas?, si vivía con el mismo demonio, lo peor de todo es que el tipo afectaba a los demás; no contento con hacerse la vida imposible, proyectaba su odio hacia cada uno de nosotros. Sé que su madre murió cuando era niño, y su padre lo abandonó después, cuando ya estaba grande. ¡Vamos, qué me estás contando! Trato de encontrar una razón. Hay muchas personas que viven cosas peores y no cometen las mismas atrocidades. Yo creo que era como cualquier otro hombre, sólo que no tenía a nadie. ¡Claro, porque él los alejaba!

En medio de la oscuridad todo parece más sencillo, sólo tengo que tranquilizarme, el aire comienza a faltar y empieza a respirar por la boca, pero no le importa, se siente bien. Al fin y al cabo, era justamente lo que quería, quedarme solo. Se ríe y piensa en lo absurdo de su proceder; quién iba a decir que con una acción torpe, y además involuntaria, conseguiría lo anhelado. La visión se vuelve prescindible, ya no hay nada que lo horrorice. Tantea las cosas, busca la cama y se recuesta, luego intenta levantarse, pero en última instancia decide no hacerlo, es ingobernable, estoy hecho por el azar, se acomoda, quiere dormir, lleva las manos hacia la nuca, entrelazadas forman una especie de almohada, piensa en cuántas partes puede dividirse el ser humano, a Kasim lo cortaron en seis, uno no se divide solo, lo tienen que dividir.

Si tan sólo lo hubieras visto como yo la última vez, tenía unos ojos hermosos que resplandecían de ternura, eran también… inseguros, como si estuviera pidiendo auxilio; yo creo más en esa mirada que en toda la porquería que has venido diciendo. ¡Dios, cuánta cursilería junta! ¡Espera!... yo sé que te habrías convencido al instante de lo que trato de explicar, en esa mirada todo se desvanecía y se recreaba el mundo con nuevos sistemas, con un nuevo orden, era como si para escapar, la mirada le sirviera de artilugio, como una fórmula… yo no sé de esas cosas. Dicen que asesinó a su hijo, la policía lo busca, ¿qué te ocurre, todavía lo quieres defender?... ¿Cuántas veces quieres que te lo repita?: ¡yo-no-lo-vi!

El recuerdo es algo deforme que uno puede manipular. Golpeé a un niño. Descontrolado como estabas, ya nada te salía bien: en el trabajo solo, en tu casa solo y ya estás pegando al niño, escucha: ¡a cualquiera le puede pasar! No sé el número exacto de golpes que le di. Él se atravesó, fue su culpa, le pegaste sin intención. Cuando regresé, estaba inconsciente. ¿Cuándo regresaste? Sí. ¡Ya lo ves! El niño parecía estar muerto, y yo arrasado en lágrimas lo tenía en mis brazos, y mi esposa llegó, pensó que alguien lo había golpeado, mis huellas embarraban la habitación con sangre, y le dije que sí, que fue otro, un desgraciado mal nacido, abracé al niño, lo estrujé contra mi pecho... ¡No fuiste tú! Y sus cabellos ardían…
        Aunque sea raro, las cosas del recuerdo se manifiestan paradójicamente en el presente, son ingobernables. Sin embargo, ha logrado encontrarles el reverso: el olvido. Sostiene que no hay nada que, a estas alturas de su vida, no pueda dársele la vuelta. Agrega por ello que la existencia reside en su inmediata contradicción: es él y, a la vez, no lo es. Eso, sumado a que algunas circunstancias las escoge, precisamente, por no escogerlas, lo reviste de una libertad incoherente e inmensa; en sus palabras: ineludible. En su vida existió un niño, hice lo mejor para él, me sacrifiqué por él, se fue porque no quería dañarle, ya poseo la llave mágica, aquello que me justificará, que me hará horrendamente libre, es como un ábrete Sésamo, ¡nada más espontáneo!

       
Nació en Arequipa (Perú) en 1987 y estudió tres años de Literatura en la Universidad Nacional de San Agustín. Decidió emprender un viaje al extranjero en el año 2012. En la actualidad reside en Milán, ciudad en la que está terminando el grado de estudios en la Università degli Studi di Milano. Ha hecho un periodo de Erasmus en la Universidad Complutense de Madrid y, en estos momentos, se encuentra realizando una tesis sobre la novelística del artista peruano Jorge Eduardo Eielson. Tercer premio del II Concurso Litteratura de Relato.  

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