domingo, 2 de marzo de 2014

La insultante libertad del viento......Jordi de Miguel

Fragmentos de un diario del dolor existencial (III)


Foto: Jeff Wall, Una ráfaga de viento repentina
Habitación de mi casa
Barcelona, Primavera 1994
         He descubierto dónde reside mi parte más masculina: en la lealtad. La LEALTAD no es menester de mujeres.
         Hoy he reparado en la existencia de esa actitud tan varonil en mi personalidad. Busco, constante e inexorablemente, lealtad en la gente próxima, así, de forma natural, sin apenas entender la composición ni la ejecución de tal carácter. Pero lo que no había comprendido hasta ahora es que las mujeres carecemos de sentimiento tan difícil y uniforme, y este lazo en las relaciones hombre-mujer, mujer-hombre y mujer-mujer es inexistente, jamás crea vínculo, salvo contadas y gratas excepciones como Amelia y Susana, que son bichos raros como yo. Por eso las quiero tanto. Y cuando veo a un grupo de chicos, como el de Javi y el “Tigre”, que son amigos de verdad, y la fidelidad incondicional que se profesan, cómo les envidio —de forma sana, espero—.
         Total, que me quedo fuera en la guerra de géneros. O séase, me quedo vagando estúpidamente por el callejón oscuro de la androginia, mascando chicle y pensando en mis emociones, que no son ni chicha ni “limoná”.
         Pero el tema de hoy es él. Es único en su especie, a pesar de aparentar que es un tipo insensible, resulta ser todo lo contrario; es muy recatado al decir lo que de verdad siente, es hermético, cuesta un poco de trabajo saber lo que piensa, es el primer ser humano que me hace concebir un verdadero interés por conocerle: taciturno, misterioso, insondable, nocturno. Lo mejor de él es que nuestras soledades surgieron de la misma planta, la suya creada bajo el continuo cuestionamiento del origen de su tormenta de emociones, que jamás ha encontrado alivio, o al menos una sensación de amparo, sin tener que confiar en alguien y sentir que se traiciona a sí mismo. Cómo situar su soledad, que al ser muy parecida a la mía sé que con frecuencia genera amor, un sentimiento cuyo destino, en cuanto brota de sus ojos, es siempre borrarse con la ayuda del viento, del cual siente eterna envidia por la insultante libertad con que se mueve.
         Había olvidado respirar el aire hasta que un día le conocí, en mi imaginación se creó una nebulosa y él penetró por todos los poros de mi piel, pude ver su silencio, su silueta desdibujada, su carácter, ese carácter siempre en expansión…
         "… Presiento que éste es el comienzo de una gran amistad. THE END.” Desde que se fue a Brasil, sólo me libero de la rutina pensando en él. Ahora sé por qué le extraño tanto: él profesa lealtad sin discriminación de género y me la brindaba, y eso me hizo sentir tan bien, me gustaba tanto… que hasta la fecha no le he conseguido olvidar.
         Sé que no le conozco lo suficiente, y esperaré sin prisa el día en que compartir (sin cuestionamientos previos, sin mentiras, ni suyas ni mías, espero, sin miedo) unas cervezas y ríos de tinta, y si ese día no llega…
         Puedo continuar hablando —bueno, escribiendo— de él sin parar, es una persona hecha de una pasta muy distinta a las demás, que se lía y se apasiona como pocos; la mayoría de la gente le llama “Tigre”, pero yo prefiero considerarle un gato por su suavidad, su ronroneo, su mirada cristalina, el andar silencioso, el recelo de su intimidad.
         Cada vez más a menudo, deseo escuchar el sonido del timbre y sentir el sobresalto de la sorpresa danzar en mis tripas y mi corazón: ¿serás tú? Eso mismo me ocurre también con el teléfono, el ordenador y, estúpidamente, cuando me asomo a la cocina americana, con el microondas. Pero nunca eres tú.
         Vaya, jamás pensé que me encontraría escribiendo de esta forma de un felino, pero la verdad es que me hace sentir tantas cosas…, por culpa de las cuales vuelvo a hundirme en la peor de mis miserias; sin embargo, en el momento de poner el primer pie en el fondo, me hace recapacitar sobre lo hermoso que es vivir.
         En cualquier caso es un ser especial, y si entre sus decisiones me tiene en cuenta, creo que al fin podré confiar en alguien y, la verdad, dejaré que me seduzca. ¿O no?
         P.D. (quince días más tarde): ¿Cómo puedo mentirme tanto a mí misma?
31-12-94
         Varios meses después de haber escrito esto me he dado cuenta de un detalle de su carácter: el miedo a sí mismo —él, que no le tiene miedo a nada—, por eso es tan hermético, una forma interesante de rodearse de gente un poco menos interesante.   

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