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| Foto: donbaron, Niño y niña besándose en la playa (www.freepik.es) |
Cada tarde
los
niños guardaban en el baúl
las
cosas que no se cuentan y los besos imprevistos.
Llenos
de temores, pero sin miedo, llegaban a la
noche.
Cada
tarde, los niños
se
quedaban para sí los besos imprevistos
y
conservaban en el silencio íntimo
las
cosas que no se cuentan.
Eso
no es sorprendente, pero era tan cotidiano y
simple
como
las cosas de la vida que pasan sin buscarles explicación,
como
cuando voy a otra ciudad, digamos,
para
una vuelta cualquiera, y siempre me encuentro algún amigo,
en
el instante impredecible.
Y
todo da un viro.
Como
los sueños que no te esperas
y
te sacan una sonrisa
–como
cuando ya no te sorprendes de repetir el mismo error–
–como
cuando últimamente me encuentro con quien había deseado horas
atrás… para abrir juntos un baúl–.

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